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Seguro que ya lo sabéis, pero por si acaso os lo cuento: a las afueras de la capital de la India, hacia el sur, se hallan las ruinas de la que fue la primera ciudad islámica. En el patio del templo de Qutub Minar, en Nueva Delhi, se levanta la Torre de la Victoria, el minarete islámico más alto del mundo, con 72,5 metros de altura que empezó a edificarse en el siglo XII. La imponente figura de la Torre de la Victoria se va estilizando a medida que asciende hasta el cielo: empieza con un diámetro en la base de 14 metros y termina en la cúspide con un estrechamiento de 2,50 metros. Simboliza el dominio islámico sobre la ciudad. Tal cual. La Torre tiene cinco niveles distintos, cada uno de ellos con una balconada. Algo impresionante, aunque no es lo que quiero destacar.
La mayoría de los que nos hemos acercado a ese enclave buscamos otra cosa. A los pies de la Torre se encuentra la mezquita de Quwwat-ul-Islam, la primera que se construyó en la India o eso dicen. Una inscripción sobre su puerta oriental informa con tono arrogante y casi desafiante que fue edificada con material obtenido de la demolición de 27 templos idólatras (léase hindúes). Un dato a tener muy en cuenta.
Ya dentro de su patio hay que buscar un pilar, pilastra o columna de hierro puro fundido que mide casi siete metros de altura, que pesa 6 toneladas y ¡ojo! no se oxida. Es fácil localizarlo. Se conoce por Iron Pillar y ha despertado el interés de profanos y especialistas en cuanto a sus cualidades, fecha y rareza. Construido con un 99% de hierro de baja calidad, el pilar es la muestra del alto nivel en metalurgia que poseían los herreros de la antigua India. Al tener una mínima presencia de otros elementos como el azufre, indica que el hierro fue sometido a un proceso de tueste y posterior fundido con carbón vegetal. El pilar llama la atención de los arqueólogos y los metalúrgicos ya que, a pesar de tener más de 1600 años de antigüedad, no presenta ningún tipo de corrosión.

El "Iron Pillar" con la Torre de la Victoria al fondo.
La profecía del pilar
Hay quien añade más misterio al asegurar que es una especie de iceberg férreo, del que sólo se ve una tercera parte. Dicen que, en realidad, no tiene siete sino 18 metros de altura y un diámetro de 41 centímetros en la base y de 30 en la cima. La columna visible no sobresale del suelo más que 6'60 metros. Se podría decir que está “férreamente” asentada al terreno. Tal vez eso justifique la inscripción profética que tiene en su base: mientras yo me sostengo, se sostendrá el reino hindú.
Está demostrado que se trata de un pilar de hierro forjado con una aleación que no permite la oxidación y que está lleno de contradicciones. Veamos. La mayoría de las veces podemos leer que es el famoso “pilar de Asoka”, erigido por el emperador Chandragupta, pero, por un lado, no es ese el pilar de Asoka, (emperador que vivió en el siglo IV a.C.) y, por otro, hubo varios monarcas con el nombre de Chandragupta antes y después de Cristo, según sea de la dinastía de los Maurya o de los Gupta.
Entonces ¿de qué fecha estamos hablando? El pilar tiene una inscripción en la que se explica que fue construido como un homenaje al dios Vishnu y en memoria del rey Chandragupta II (siglo V d.C.) amante de las artes y coronado por una imagen del dios Garuda. Así que ya tenemos la fecha de su edificación. La mezquita, en cuyo perímetro se ubica la columna, se construyó en el año 1193 y, como dije hace unas cuantas líneas, está considerada la primera que se construyó en la India, pero el pilar es del año 400 d.C. lo que quiere decir que el templo se construyó alrededor de esta columna que ya se debía considerar sagrada. Su primer sultán, Qutb Ud Din Aibak, construyó dicha mezquita que, junto con algunos edificios cercanos, es lo único que sobrevive de aquella vieja ciudad. La pena es que los conquistadores musulmanes demolieron 27 templos hindúes y jainistas que se encontraban en los alrededores y utilizaron fragmentos de ellos para la construcción de la mezquita. Tan solo respetaron el pilar de hierro. ¿Por qué? Es lógico deducir que algo vieron en esa columna para conservarla a pesar de tanta barbarie.
Sobre el año 320 es cuando comienza el imperio de los Gupta y bajo los sucesivos reinados de Chandragupta, Samudragupta y Vikramaditya, la India del norte accedió a una especie de edad de oro cultural. Es la época en la que se puso fin a la redacción de las grandes epopeyas hindúes, como son el Mahabharata y el Ramayana y es la época de los famosos y espectaculares frescos budistas de Ajanta. Es un imperio que llega hasta el 575, año que empieza su decadencia. Ese siglo VI marca para la India del norte el nacimiento de una Edad Media semejante a la que conoce entonces Europa. Dividida e invadida, la India sólo recuperará su unidad con el advenimiento del imperio mongol. Como recuerdo de aquella época nos queda esta prodigiosa columna de hierro que, desafiando el paso de los siglos, apenas tiene vestigios de herrumbre. Es uno de los fenómenos metalúrgicos más curiosos del mundo. En Europa no se construyó ni una sola pieza de un tamaño similar hasta finales del siglo XIX. Como se sabe, el hierro se oxida con facilidad y mucho más en un clima tan húmedo como el de Delhi con sus periódicos monzones.

El pilar pese a tener más de 1600 años de antigüedad, no presenta ningún tipo de corrosión.
Volveré a la India…
Yo estuve en la India en el mes de septiembre de 1988. Y algún que otro monzón me tocó en suerte. Entonces no había ninguna verja metálica que protegiera la columna como ahora y pude hacer un ritual preceptivo de tintes supersticiosos: apoyar mi espalda sobre la columna e intentar tocar los dedos de mis manos, algo que pude conseguir gracias a la ayuda de un hindú que, por unas pocas rupias, casi me descoyunta el brazo y me disloca las articulaciones de la mano. Pero lo hice. Junté por fin mis manos. Lo que se pretende con este gesto es formular un deseo que se cumplirá si los dedos se acaban tocando, por las buenas o por las malas... También dice la leyenda que si es así se volverá a visitar la India. Una tradición que parece ser muy moderna, oportunista y con ánimo de sacar un dinerillo al turista de turno. A falta de una fuente de los deseos... Pero ahora con la verja de hierro la tradición se ha evaporado.
Se ha dicho, para explicar el misterio, que en realidad el pilar sí que se oxida. En la zona que la gente frotaba sus manos o su espalda no hay señales de oxidación, en cambio sí existe dónde los fieles no llegaban. No es del todo verdad. En algunos puntos concretos hay signos de oxidación, pero muy escasos si tenemos en cuenta que estamos hablando de una columna de hace 1600 años y que han variado sustancialmente las condiciones de contaminación del área, con los gases sulfurosos del excesivo tráfico de Delhi y la industria de los últimos años. El propio Eric von Däniken tuvo que corregir sus afirmaciones iniciales al escribir en 1986 la siguiente frase en su obra ¿En qué me he equivocado?:
"Asimismo se corrigió al paso del tiempo la noticia proveniente de Delhi sobre cierta pilastra vetusta de hierro que no se corroía bajo las inclemencias meteorológicas: entretanto este objeto se ha oxidado en diversos puntos, según he podido comprobar con mis propios ojos".

Inscripción en la que se explica que fue construido como un homenaje al dios Vishnu y en memoria del rey Chandragupta II (siglo V d.C.).
¿Misterio solucionado?
Si Däniken hubiera conocido un informe posterior tal vez hubiera vuelto a cambiar de opinión. El 18 de julio del 2002, los metalúrgicos del Instituto Indio de Tecnología de Kanpur anunciaron que habían solucionado el misterio del pilar de Delhi. Su informe dice que durante los tres años siguientes a la erección del mismo se habría formado, de manera natural, una fina capa de "misawite" compuesto de hierro, oxígeno e hidrógeno, que protege el pilar del hollín. La protección se formó por catálisis, gracias a una concentración importante de fósforo, debida a la fabricación del hierro por los antiguos indios que mezclaban directamente el mineral con carbón de leña. En otras palabras, el secreto de esa aleación es que contiene una inusitada proporción de fósforo. El hierro actual posee un 0,005% mientras que el material de esta columna contiene un 0,25%. De esta manera, el fósforo crea una película capaz de quemar el oxígeno exterior y proteger el conjunto de la corrosión y los estragos del tiempo. El hierro así tratado es más resistente y duradero. Lo que no han dicho los expertos es cómo pudieron conocerse tales técnicas en tiempos tan remotos.
Con este caso tenemos el ejemplo perfecto de un conocimiento perdido y ahora rescatado. Y no olvidemos que de la India procedía la “pasta” para luego confeccionar y elaborar el famoso “acero de Damasco”, otro enigma metalúrgico que parece haber sido desvelado en estos últimos años.
El investigador suizo Eric von Däniken.
Otras raras pilastras
Si sólo hubiera una columna de esta clase podría tratarse de una rareza y su falta de oxidación se podría explicar a varias causas, entre ellas a que haya sido engrasada con los años para mantener ese aspecto con un barniz antioxidante formado por una combinación de ácido tánico, grasa de cerdo y resinas sintéticas. Pero resulta que hay más.
Es como si hubiera existido una fábrica metalúrgica en el pasado que se encargó de hacer estas columnas con unas aleaciones especiales que resisten sin problema alguno el paso del tiempo sin oxidación, estén en zonas secas o húmedas. Se fabricaron multitud de columnas de hierro, con igual calidad, aunque no tan conocidas como la que aparece en el patio de Qutub Minar de Delhi. Incluso existen antiguos textos que hablan de cómo se elaboraban estas extrañas aleaciones. El escritor hindú Subramanyan Iyer dedicó su vida a descifrar la escritura de las hojas de palmera en los pueblos de su Karnataka natal. Estas hojas era el soporte de los antiguos sabios para plasmar sus conocimientos científicos. En la localidad de Anekal descubrió unos textos en sánscrito antiguo que versaban sobre aleaciones de metales y su aplicación a los cascos de las aeronaves o vimanas. Basándose en esos textos, C.S.R. Prabhu, director técnico del Centro Nacional de Informática, pudo fabricar en 1991 cinco de las aleaciones descritas susceptibles de aplicarse en la metalurgia moderna, según comenta el investigador Robert Goodman. El doctor L. Daswani, de la Universidad de Bangalore, reveló que unos textos científicos encontrados en esas hojas de palmera proporcionaban las fórmulas exactas para hacer distintos tipos de aleaciones de hierro inoxidable con un contenido de este mineral de hasta el 99,5%. Una buena pista para explicar el misterio del hierro inoxidable.
Una de estas columnas se encuentra en las laderas de la colina piramidal de Kudasaadri, a unos 150 kilómetros al noroeste de Bangalore, en el estado de Karnataka, al sur de la India. Esta montaña, situada a 1.450 metros sobre el nivel del mar, está horadada por numerosas cuevas donde los rishis han pasado largas temporadas en estado meditativo buscando el satori o iluminación. Se trata, por tanto, de un lugar sagrado. La colina está cubierta de una densa foresta que recibe anualmente varios litros de agua y en su falda existe un único santuario cuya entrada está flanqueada por una extraña columna rectangular de hierro que ha resistido, a pesar de las lluvias, la inevitable corrosión de los siglos. La columna tiene 9,76 metros de altura. De ella se cuenta que el maharajá de Mysore mandó excavar alrededor de ella con el objetivo de buscar el otro extremo subterráneo. Cavó y cavó y tuvo que abandonar la empresa meses después ya que no encontraba el dichoso final, lo que atribuyó al designio de los dioses. Algo que parece ser común a columnas similares como la de Delhi.
El valle, que se encuentra a los pies de la montaña piramidal de Kudasaadri, aloja un templo dedicado a Sri Mookambika, considerada la Madre Universal y la Madre de todas las madres Divinas en el panteón hindú. Muchos no creen que sea casual y han buscado sus interpretaciones místicas diciendo que la columna serviría de catalizador para atraer la energía divina a la zona y así proteger a los devotos de la diosa. Buen argumento para una película de Indiana Jones.
Otras columnas de hierro estarían en los templos de Puri y Konarak, ambos en zonas costeras. El templo del dios Jagannath, en la localidad de Puri, tiene una enorme viga de hierro como parte de su estructura. El templo de Konarak también posee una gran viga similar de 35 pies de largo (10,66 metros), con un espesor entre 9 y 11 pulgadas, vigas que también han resistido la corrosión perfectamente. Otra está en Dhar o Dhara, una ciudad en el estado occidental de Madhya Pradesh, la India central. Es interesante saber que la mayor parte del centro de la India formaba parte del Imperio Gupta (300-550 d.C.), que es cuando se realizan la mayoría de estas columnas, hasta que a principios del siglo VII se incorporó a los dominios del emperador Harsha.
Hay más y de otras épocas. Aún hoy se puede ver un enorme pilar de hierro, compuesto de tres piezas, próximo al Jama Masjid, en Dhar, de aproximadamente el doble de altura de la columna de Nueva Delhi. El Lat Masjid, o Mezquita del Pilar, fue construido por Dilawar Khan en 1405 con los restos de los templos Jainistas. Deriva su nombre de un pilar del hierro instalado originalmente al principio del siglo XIII en conmemoración de una victoria bélica de 13,10 metros de alto, que ahora lamentablemente está tumbado y roto.
Existe otra columna similar en el Monte Abu, el centro de peregrinación de los jainas más famosos. En uno de los templos de Delwara es donde está este pilar cuya altura es de 3,65 metros.
La columna alemana
Y en Europa también tenemos la nuestra. Faltaría más. Para verla hay que ir a los jardines de Kottenforst, en Bonn (Alemania), donde se encuentra una columna cuadrada de hierro, denominada, a nivel popular, Hombre de Hierro. Como os podéis imaginar, no presenta señal alguna de herrumbre. No tendría la menor importancia sino fuera porque es mencionada por vez primera en las crónicas del siglo XIV como divisoria de caminos, marcando el límite del mercado local, una calzada de piedra y un acueducto, siendo su antigüedad probablemente mayor. Según Däniken, en su obra El oro de los dioses, las mediciones de resistencia magnética indican que la columna se prolonga 30 metros bajo la superficie, algo similar a lo que ocurre con la columna esférica de Qtub Minar y la de Kudaasadri.

El Hombre de Hierro.
EL AUTOR ha desempeñado diversos puestos en el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales como funcionario de carrera. Actualmente colabora en el programa de radio "La Rosa de los Vientos de Juan Antonio Cebrián" en la emisora Onda Cero Radio, es asesor editorial de la revista Historia de Iberia Vieja. Es autor de más de veinte libros. Su especialidad son los temas folclóricos y mitológicos, como la existencia de seres legendarios (hadas, duendes y gnomos), la localización de supuestos lugares de poder, la búsqueda de plantas mágicas o el origen de las fiestas sagradas. Asimismo es colaborador habitual de las principales revistas especializadas del sector: Año/Cero, Más Allá de la Ciencia, Historia de Iberia Vieja y Enigmas del hombre y del universo..
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