LA OTRA FATIMA. EL PRINCIPIO DE LA GRAN CONFUSION

Perspectiva paleoastronáutica del milagro de Fátima

Por: Carlos E. Casero

 

 

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Allá por el año 1.917, exactamente un 13 de mayo, tres niños que se encontraban cuidando su ganado en las inmediaciones de Cova de Iria, Fátima (Portugal), iniciaron un largo proceso de “apariciones o visiones” que se prolongarían hasta el mes de octubre de ese mismo año. En aquellas fechas convulsas para la historia de la humanidad, en las que miles de hombres eran masacrados diariamente en los campos de batalla que se desarrollaron durante la I Guerra Mundial, el mundo católico en general relacionó este fenómeno protagonizado por estos niños, como de naturaleza puramente religiosa.


No es mi intención en el presente trabajo, destacar cronológicamente los hechos acaecidos y de sobra ya conocidos por el público en general que rodean al conocido como “milagro de Fátima”, sino destacar algunos aspectos muy particulares que acompañaron a este suceso, que no dejan de ser los mismos que el de otros muchos más casos repartidos por todo el mundo, durante todas las épocas y relacionados con distintas confesiones religiosas.

 

Imagen de los tres protagonistas principales de ésta crónica inexplicable.

 

Ayer y hoy de un fenómeno


En 1.974, el siempre polémico investigador suizo Erich von Däniken, se adentraba en éste complicado y farragoso mundo de las “apariciones”, con la publicación de su libro Erscheinungen (Apariciones), un libro “maldito” incluso para muchos de sus seguidores. La razón, como no podía ser otra, fue poner en duda muchos de los dogmas de fe comúnmente aceptados, siendo su hipótesis por tanto considerada una provocación en toda regla para todos aquellos que consideran tabú cualquier discusión que rozase lo confesional. El último de los capítulos del libro que titula –calendario de apariciones- comienza así:


…Nadie conoce la larga serie de apariciones que, desde que el hombre posee la facultad de pensar, han tenido lugar en el mundo. Para que los lectores tengan una idea aproximada de la gran variedad de tales apariciones (entre las que sobresalen, por su número y frecuencia, las de la Virgen María), he confeccionado un calendario de casos de aparición, y cuyos datos, y fechas, estuve compilando a lo largo de mis trabajos. Si, tras la necesaria búsqueda por todos los rincones del mundo, se reunieran en una obra todas las apariciones registradas, el libro resultante sería muchísimo más voluminoso que la Enciclopedia Británica…


A continuación Däniken comienza a enumerar una gran relación de casos divididos en tres grupos: tiempos míticos, antigüedad histórica anterior a Jesucristo y con posterioridad al nacimiento de Jesucristo. De todos ellos, extraigo algunos ejemplos:


.- El csodaszarvas, especie de ciervo volador, rodeado de un aura fosforescente, se aparecía a los antiguos húngaros.
.- Marte, el dios romano de la guerra, se le apareció a Numa Pompilio, segundo rey de Roma (715-672 a. de C.).
.- Las walkirias aparecían montadas en veloces caballos voladores y tomaban parte en las batallas.
.- A Gilgamesh, rey de Uruk, se le aparecieron distintos dioses, quienes le dieron sabios consejos.
.- Cerca del año 550, Ahuramazda, el dios altísimo y “señor de la luz”, se le apareció al fundador de la religión de Zaratustra en medio de rayos y de truenos, inspirándoles los doce libros del Avesta.
.- Cerca del año 550, a Buda, el Iluminado, le fue infundida la sabiduría por el “Espíritu omnipotente” a través de una aparición.
.- Año 204. Habiendo decidido Tolomeo IV asesinar a todos los judíos residentes en Egipto, se le aparecieron dos “ángeles que despedían un gran resplandor y cuyo aspecto infundía pavor”, con lo que todo el ejército quedó paralizado por el miedo.
.- El día 7 de mayo del año 351, los habitantes de Jerusalén vieron destacándose sobre un cielo completamente despejado, una cruz radiante.
.- En el 610, a Mahoma, el fundador del Islam, se le aparecieron, repetidas veces, los ángeles de Alá.

 

Libro "Las Apariciones" de Erich von Däniken, en su edición española editada por Martínez Roca, S.A.

 

El milagro del Sol


Si bien en un principio solo Lucía, Francisco y Jacinta, los tres niños protagonistas del suceso de Fátima, eran testigos excepcionales de las apariciones milagrosas de la “señora luminosa” los días trece de cada mes (excepto agosto al ser retenidos por las autoridades), todo cambió para la cita del 13 de octubre, en la que la “Virgen” había prometido un milagro para todos los asistentes.
El anuncio convocó a más de 70.000 personas de todo tipo de condición social, tanto creyentes como escépticas a pesar de que, la climatología, no acompañaba aquella enorme concentración humana en un día lluvioso y en un terreno embarrado de difícil acceso. Pero mereció la pena en el mismo momento que uno de los niños, Lucía, ordenó a los asistentes que cerrasen los paraguas para rezar, momento en el cual comenzó a “abrirse el cielo”, tal y como narró el periodista lisboeta Avelino de Almeida para su periódico –O Século–, "…Se ve a toda la inmensa multitud darse la vuelta para ver al Sol, que se muestra libre de nubes en el cenit...” “… Es posible ver el contorno del disco sin el más mínimo esfuerzo. No quema, no ciega…"...el Sol tembló, el Sol realizó movimientos bruscos nunca vistos, fuera de todas las leyes cósmicas…”.

Portada del diario lisboeta "O Seculo" del 15 de Octubre de 1.917.


De toda la recopilación de informes y documentos proporcionados por los archivos eclesiásticos, así como por las aportaciones de decenas de testigos, podemos extraer los siguientes datos:

 

  1. El ser aparecido (la Virgen o Señora luminosa), media unos 110 centímetros, con una edad aparente que rondaba entre los doce y los quince años, siempre según el testimonio recogido en el primer archivo parroquial en el que declaro Lucía, quien ingresó a posteriori en una orden religiosa hasta su muerte.
  2. Según estos mismos archivos parroquiales, el ser vestía una túnica y un manto con cordones dorados y cuadriculados. La ropa tenía costuras a lo largo y a lo ancho como si estuviera acolchado. Además, estaba cubierta con una capa blanca y llevaba una esfera luminosa a la altura del pecho.
  3. Se aparecía a los niños surgiendo de improviso de arriba a abajo, y desaparecía gradualmente en dirección inversa, destacando la ausencia total de movimientos faciales, y a pesar de que la escuchaban hablar no observaban movimiento de labios alguno.
  4. El ser en cuestión se desplazaba en el interior de un haz de luz troncocónica que partía de una nube de “extraña apariencia”, que avanzaba incluso en contra del viento.
  5. Durante la observación del denominado como “milagro del Sol”, muchos de los testigos más próximos al suceso sintieron un calor súbito e intenso. Sus ropas y el terreno encharcado bajo sus pies se secó rápidamente. Otro dato a tener en cuenta fue el gran número de “curaciones milagrosas” de las que enfermos asistentes al evento pudieron dar fe. No se detectaron casos de quemaduras de retina u otras afecciones oculares relacionadas con la exposición directa de los ojos a la luz del Sol.
  6. El Sol,  comenzó a moverse convulsivamente, causando la admiración de los asistentes, con saltos, giros y cabriolas del todo inexplicables.
  7. El fenómeno fue de grandes proporciones, pues fue observado desde otras localidades situadas en un radio de 40 kilómetros alrededor de Fátima, como lo fue el caso de la localidad de São Pedro de Moel. Más próximos al lugar de los hechos, numerosos testigos de la pequeña localidad de Alburitel, situados en una colina a 18 kilómetros de la explanada de Cova de Iria pudieron observar también el "baile del Sol".
  8. La forma del Sol no era del todo esférica, no tenía la misma tonalidad ni los mismos claro-oscuros que éste, parecía más bien de material pulido.
  9.  En dos ocasiones emitió unos rayos fulgurantes que obligaron a los testigos a apartar la vista. Mientras observaban el Sol, el color de la luz que iluminaba la explanada se tornó violácea. Progresivamente el color fue cambiando hacia el amarillo. Poco después, el Sol comenzó a girar sobre sí mismo, hasta que, ante la sorpresa de los allí presentes, el Sol se desprendió de la bóveda celeste y se abalanzó sobre los atónitos espectadores, para luego alejarse de nuevo a su posición inicial.
  10. Finalmente, el Sol se volvió transparente y dentro del disco solar se pudieron observar a tres seres, uno de los cuales parecía tener un brazo extendido. Seguidamente, las nubes volvieron a hacer acto de presencia, y el cielo volvió a quedar cubierto como lo había estado al comienzo de tan singular día.

¿Representa esta imagen a la Virgen? Este es el retrato robot del "ser" que los testigos pudieron apreciar durante las apariciones. La iconografía católica diluyó cualquier apreciación objetiva de los observadores, enormemente influenciados por el entorno religioso que les tocó vivir a principios del siglo XX.

 

Buscando explicaciones


La mayor parte de la versión oficial de la iglesia católica conocida hoy en día por todos los interesados en los sucesos de Fátima, fue obtenida de las memorias de Lucía, pues Francisco y Jacinta, los otros dos niños protagonistas de los sucesos de 1.917, fallecieron poco tiempo después de las apariciones. La situación en la que se vio rodeada la joven Lucía, propició su ingresó en una orden religiosa, aislándola del resto del mundo y quedando a las órdenes de las autoridades eclesiásticas. Bajo estas condiciones y tras aprender a leer y escribir, la ya hermana Lucía recibió la petición de José Alves Correia da Silva, Obispo de Leiría, de escribir de su puño y letra, todos los recuerdos relacionados con los sucesos de la Cova de Iria en Fátima. No fue hasta el año 1.935 cuando concluyó lo que serían sus primeras memorias, aunque posteriormente completó cinco entregas más. Sor Lucía murió el 13 de febrero de 2.005 a la edad de 97 años en un convento de Coímbra, y al igual que sus dos primos, Francisco y Jacinta, beatificados el 13 de mayo del año 2.000 por el Papa Juan Pablo II, a ella también se le abrió un proceso de beatificación.


Para la iglesia, todos los hechos sucedidos en la explanada de Cova de Iria en Fátima, obedecen a una cuestión de fe, y tener fe significa creer -firmemente y sin dudar- todo lo que Dios nos ha revelado y lo que la Iglesia Católica -su Iglesia- nos propone como motivos de fe. A pesar de ello, los católicos aseguran que la fe no es contraria a la razón. Creer, dicen, no significa abdicar de la razón. Tampoco la fe puede ser contraria a la Ciencia, pues lo verdadero no puede contradecir a lo verdadero, pues la verdad tiene una misma fuente que es Dios y Dios no puede contradecirse. Las realidades no sagradas y las realidades sagradas provienen de la misma fuente que es Dios.
Pero entonces..., para aquéllos que se encuentren escasos de fe, ¿qué respuestas nos puede dar la Iglesia o la Ciencia de unos sucesos acaecidos ante la presencia de más de 70.000 personas?

 

Ascensión de "La Virgen" a través de un cono de luz proyectado desde las nubes.


No quisiera parecer excesivamente irónico, pero parece que también nos va a hacer falta otro poquito de fe, para poder digerir las explicaciones que los hombres de ciencia han buscado para poder aclararnos las circunstancias que, por ejemplo, causaron el “milagro del Sol”. Entre ellas la más recurrida, y a fuerza de repetirla una y otra vez la más aceptada, es que todo se debió a un eclipse, a pesar de que ninguna estación astronómica del mundo se hiciera eco de semejante circunstancia, y además también, de ser un suceso perfectamente predecible en el tiempo. Conscientes de la “flojedad” de semejante hipótesis, pero siempre más seria para ellos que circunscribirla a una cuestión divina, se ha recurrido a un fenómeno solar denominado “sundog” o de “falso sol”, consistente en una visualización óptica atmosférica asociada con la reflexión/refracción de la luz solar, provocada por los numerosos cristalitos de hielo que componen los cirros o nubes de cirrostratos, y que puede causar una distorsión de retina temporal por mirar a la intensa luz y/o el efecto de enfocar los ojos hacia delante y hacia atrás para evitar una mirada completamente fija, combinando así imagen, post-imagen y movimiento.

 

¿Puede un fenómeno como el de la imagen, conocido con el nombre de "sundog" o "falso sol", confundir a decenas de miles de personas desde distintos puntos geográficos a la hora de evaluar la visión que ellos denominaron como "danza del Sol"?


También se ha creído ver los efectos de una tormenta solar, producto de una eyección de masa coronal, una aurora boreal o una nube de polvo proveniente del desierto del Sáhara, que por sí mismas, no explican en ningún caso las evoluciones del astro rey por encima de las cabezas de los asistentes a la explanada de la Cova de Ira. De igual modo, junto a las posibles explicaciones físicas, nuestros mismos hombres de ciencia han desarrollado otra batería de explicaciones psíquicas que traten de aclarar todas las dudas que se ciernen sobre el milagro de Fátima. Si anteriormente requeríamos un “poquito de fe” para poder digerir las explicaciones físicas del fenómeno, necesitaremos el doble de ración de dicha fe para poder aceptar hipótesis que aseguran que, todo se debió a una “alucinación de masas”, producto de una presión social significativa para ver un milagro, así que todos se autoengañaron para creer que lo vieron.


Otra de las explicaciones psíquicas, aunque parezca increíble, es la de la negación del fenómeno sin más, debiéndose todo a un pábulo posterior transmitido de boca en boca, pero no observado realmente por los testigos, una especie de “yo estuve allí” para hacerse notar y poder presumir ante los demás. Quizá el menos ortodoxo, pero recurrente para los más “abiertos de mente” es que todo se debió al poder de la mente de los asistentes, el denominado por los parapsicólogos como PES (Percepción Extra Sensorial), un terreno prácticamente inexplorado por la ciencia y del que se observan dos manifestaciones, los fenómenos psi-gamma y los psi-kappa, estos últimos capaces de alterar la materia y por tanto provocar manifestaciones físicas.

 

Lucía, La principal protagonista de los sucesos de 1.917.

 

Las conclusiones de Joaquim Fernandes y Fina d’Armada


El profesor de Historia en la Universidad Fernando Pessoa de Oporto, Joaquim Fernandes, experto en filosofía de la ciencia y la antropología comparativa, autor entre otras de obras como El Imaginario Extraterrestre en la Cultura Portuguesa y la también historiadora Fina d’Armada, autora de cinco ensayos sobre las apariciones de Fátima, lograron acceder  gracias a una beca de estudios a los archivos del Santuario de Fátima, descubriendo, siempre según ellos, que las autoridades eclesiásticas ocultaron documentación sobre las descripciones iniciales aportadas por los tres niños, y de cómo fueron adaptadas y acomodadas a los intereses de la iglesia, con el objetivo de reforzar la ortodoxia católica. Entre estos documentos se encuentran los testimonios recogidos por el cura de la parroquia, que entonces recogió las primeras declaraciones de los tres primos y que acabó abandonando la aldea por no estar convencido de que las apariciones correspondieran a la Virgen María. De hecho, en estos documentos, los niños no se refieren a la “señora de luz” como la Virgen, sino que se limitan a describirla como una mujer de ojos negros y de gran belleza, que les habla sin mover los labios. De la misma manera, localizaron testimonios sobre lo sucedido que se referían a los momentos anteriores al “milagro del Sol” del día 13 de octubre, en el que fueron vistos pequeños objetos luminosos, conocidos en el mundo de la ufología como Foo-Fighters, así como un globo plateado, un objeto en forma de escalera y varias "nubes" que iban en dirección contraria al viento. Y no sólo poco antes del día 13 de octubre, también localizaron documentación de dos años antes de los sucesos protagonizados por los tres niños pastores en las inmediaciones de Cova de Iria, en la que varios testigos alegaban haber observado “seres luminosos” y otros objetos desplazándose por el cielo.

 

Portada del libro de Joaquim Fernandes y Fina d'Armada, donde se recogen los más soprendentes aspectos de uno de los mayores enigmas acaecidos durante el pasado siglo XX.


Sin embargo, uno de los descubrimientos más significativos y más importantes que aportaron las investigaciones de los dos historiadores lusos lo constituyó el testimonio de un cuarto testigo desconocido hasta el momento, Carolina Carreira, hija de María Carreira, principal responsable de la construcción de la Capilla de Fátima posteriormente a los sucesos. Carolina tuvo un encuentro con "un niño" de aspecto “angélico” que aparentaba unos 9 ó 10 años y que se comunicó con ella sin hablar, una comunicación de tipo telepático muchas veces descrita por numerosos testigos del fenómeno OVNI. De ésta manera, la “cuarta vidente” de Fátima, constituye una pieza aparte del considerable número de testigos confirmados oficialmente, cerca de un centenar, cuyas declaraciones fueron de vital importancia para la elaboración de la hipótesis de ambos investigadores.


Para los historiadores lusos, así como para otros muchos investigadores más, el fenómeno de Fátima y otras apariciones registradas a lo largo de toda la historia, como podrían ser el suceso de la “zarza ardiendo” ante Abraham que aparece en el libro del Éxodo (3, 1-6) o la aparición protagonizada al joven Joseph Smith en 1.920, que le llevó a fundar la Iglesia de Jesucristo de los Santos de  Últimos Días, más conocidos por la iglesia de los mormones, respondería a un fenómeno protagonizado por entidades extraterrestres, las cuales, habrían acompañado al hombre desde tiempos remotos. En algunas ocasiones con una visión muy pesimista, como asegura el investigador y ex jesuita Salvador Freixedo a lo largo de toda su obra, para “parasitar” por puro placer e interés a la raza humana, y en otras ocasiones de forma más optimista, como escribía Däniken en su libro inicialmente referido en el presente artículo, –Las Apariciones–, para:


“…Al repasar las biografías de los grandes de la historia de la humanidad, hallamos en ellas el momento en que las visiones, las inspiraciones o las intuiciones determinaron el gran cambio, la decisión fundamental, la idea, en suma, en cuya búsqueda se habían venido afanando. La comprobación de las visiones de los grandes talentos constituye un mérito para la humanidad.
Las religiones, y de modo especial sus fundadores, necesitan de la visión, de la aparición, como de «las migajas que caen de la mesa de sus señores» (Mateo 15,27). Las apariciones, consideradas desde el punto de vista de la religión, resultan estériles, inútiles; y las visiones e inspiraciones que los grandes genios reciben de los extraterrestres tienen la virtud de impulsar hacia adelante el progreso de la humanidad.
Y en esto es en lo que yo creo…”

 

 

 
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