MARCAHUASI

Por: Carlos E. Casero

 

 

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Marcahuasi es el nombre de una meseta de origen volcánico que está a una altura de más de 3.650 metros sobre el nivel del mar, y ubicada en la provincia de Huarochirí, al Este de Lima, la capital del Perú, ocupando una extensión aproximada de unos 4 Km²  de superficie. El nombre de Marcahuasi para denominar a la meseta, se comienza a utilizar desde la construcción de un pequeño enclave defensivo o fortaleza en sus inmediaciones por parte de los incas y que, en lengua quechua, viene a significar algo así como “el altillo” o “el segundo nivel o piso”.

 

Plano de ubicación del conocido como "Complejo de Marcahuasi".


En toda el área del Valle de Santa Eulalia (cuyo nombre en quechua es Mamay) y el valle del Rimac (cuyo nombre, Apu-Rimac, también en quechua quiere decir: "El Señor que habla"), han aparecido restos arqueológicos de las culturas Yauyo y Yunga, que habitaron el lugar aproximadamente entre los años 800 y 1.475 d.C. Los yauyos eran enormemente belicosos y mantenían constantes guerras con otros pueblos como los huancas, xauxas y los propios yungas, lo que les llevó a tener el control de toda la serranía de lo que es hoy el actual departamento de Lima. Sin embargo, y a pesar de una feroz resistencia, fueron derrotados y sometidos por los incas. Se tiene constancia de aquel periodo de la existencia de lagunas que estuvieron represadas y que tenían sus canales de distribución de agua, como Pampacocha y Wayacocha ubicados en la ladera oeste de Marcahuasi. Según los pobladores de San Pedro de Casta, la meseta contaba con 12 lagunas o reservorios cada uno con su respectivo canal de irrigación.


Para poder acceder a este mágico enclave alejado de las principales rutas turísticas del país andino por carecer casi prácticamente de cualquier infraestructura o servicio básico, son al menos necesarias tres horas de camino desde el pequeño pueblo situado en el Valle del Río Santa Eulalia de San Pedro de Casta, que hacen las delicias de los aficionados al trekking o senderismo por sus increíbles y majestuosos paisajes.
Tras el ascenso, los visitantes suelen acampar normalmente en una pequeña hondonada conocida con el nombre de “anfiteatro” y que, por su disposición, ofrece protección y abrigo natural contra el viento y el frío. Una vez “acomodados” tendrán la oportunidad  de poder recorrer uno de los más singulares conjuntos de gigantescas rocas de granito de caprichosas formas que, al igual que emplazamientos como el de Sete Cidades” en Brasil, y al que dedicamos un artículo en esta misma sección de Morada de Dioses en paleoastronautica.com, su origen, constituye para no pocos investigadores todo un misterio.

 

Figura del "Monumento de la Humanidad", tal como lo denominó el Dr. Ruzo. Su nombre en quechua era el de "Peca Gasha" (Guardián).


Su principal característica la constituye el gran número de moles pétreas con formas zoomórficas y antropomórficas diseminadas por toda el área, y atribuidas al caprichoso efecto de la naturaleza producto de la erosión del viento y de la lluvia a lo largo de miles de años. Sin embargo es difícil imaginar que, al menos estadísticamente, hayan coincidido un número tan elevado de “caprichos de la naturaleza” en un espacio geográfico tan reducido. Y es que son más de un millar las formas identificadas por los numerosos visitantes que se han acercado hasta éste mágico lugar, presentando algunas de ellas particularidades dignas de una mención muy especial. De hecho, muchas de ellas son sutiles y no siempre evidentes para el espectador, pero eso es precisamente lo que contribuye al misterio. Ejemplo de ello sería la conocida como Peca Gasha (centinela o guardián en lengua quechua) o Cabeza del Indio, denominada también como Monumento a la Humanidad, una mole de veinticinco metros de altura que se asemeja a un perfil humano, y que dependiendo del ángulo y  la hora del día en el que se observe, aparecerán ante nuestros ojos diferentes razas humanas de todo el mundo.

Otras muchas figuras solo pueden también ser observadas desde un ángulo en particular y bajo condiciones especiales de iluminación, dándose la circunstancia de que en determinadas épocas del año, ante la luz recibida del Sol, varían su forma, y además si esto fuera poco, al tomar una fotografía a algunas de estas moles pétreas, en los negativos aparecen otras imágenes y sombras, coexistiendo con la que se pretendió retratar inicialmente.

 

Arriba, en la primera imagen a la izquierda, podemos observar un conjunto de cabezas humanas multiple donde se pueden apreciar un minimo de cinco de ellas. A la derecha, la figura conocida como "la cabeza de la negrita". Más abajo dos instantáneas más del complejo de Marcahuasi, en la que destaca (abajo del todo) la entrada gigantesca a una falsa cueva.

 

 En el punto más elevado de la meseta se encuentra un conjunto de construcciones prehispánicas consistentes en terrazas y chullpas, que atestiguan al menos, la presencia humana hasta la llegada de los españoles. No deja de ser otro aspecto curioso el que, muchas de las figuras que se creen representadas, recuerden a animales que en principio jamás habitaron aquellas regiones o que se extinguieron mucho antes de la aparición del hombre, como por ejemplo leones, rinocerontes y camellos en el primer caso o stegosaurios y anfichelidias en el segundo.

Si alguien dio fama a este lugar fue sin duda el Dr. Daniel Ruzo de los Heros, investigador, arqueólogo y poeta peruano afincado en México, que a través de su libro Marcahuasi: La historia fantástica de un descubrimiento, detalló minuciosamente sus estudios y análisis de las curiosas figuras de piedra en esta meseta, concluyendo que en ningún caso se debían a los caprichos de la naturaleza, si no más bien a la mano del hombre, y más concretamente, a una mítica civilización que dio origen al resto de las antiguas civilizaciones que hoy conocemos, los Masma. A pesar del prestigio del investigador peruano junto con la gran cantidad de datos e informes presentados en instituciones tan relevantes como la Academia de Ciencias de México o la Sociedad de Etnografía de París, sus revolucionarias teoría cayeron en un saco roto. Algunos, ya de partida, no le perdonaron sus simpatías hacia los movimientos  teosóficos, pero menos aún el que tratara de revisar los orígenes de la civilización humana.

Arriba, imagen del Dr. Ruzo. Abajo a la izquierda, conjunto pétreo conocido como "la tortuga". A la derecha "las focas".

 

Pero ya mucho antes de que el Dr. Ruzo en 1.952 iniciase sus investigaciones en Marcahuasi, tras la invitación de un viejo brujo o chamán para que visitase la meseta y mostrarle la figura del Peca Gasha, que el doctor rebautizó con el nombre de Monumento a la Humanidad, otros investigadores como su compatriota Pedro Astete, ya sospechaban de la existencia de una gran civilización con grandes conocimientos tecnológicos y con presencia en distintos lugares del planeta muy anterior a la inca, a la que por cierto se le atribuían equivocadamente muchas de las realizaciones de ésta cultura o civilización perdida.

 Ni Astete, ni Ruzo, ni otros muchos investigadores más hasta el día de hoy han encontrado las respuestas por parte de la arqueología oficial a las preguntas planteadas acerca de las civilizaciones preincaicas que construyeron las grandes estructuras de Machu Picchu, Cuzco, Ollantaytambo y Sacsayhuaman, por no hablar ya de la tal vez más enigmática de todas las construcciones, ya no solo de los andes sino del mundo, Tiahuanaco, donde los arqueólogos más ortodoxos calculan sus orígenes en una antigüedad que oscila entre los 1.500 y 2.000 años a. de C, mientras que su más famoso estudioso, el austriaco Arthur Posnansky no bajaba en ningún caso de los 15.000 años a. de C. ¿Qué cultura fue entonces capaz de construir estos emplazamientos?

El Dr. Ruzo y otros investigadores defensores de la existencia de una protocivilización andina que denominan Cultura Masma, hacen especial hincapié en la existencia de un grupo de hasta seis figuras en la meseta de Marcahuasí que recuerdan, siempre según ellos, a la diosa egipcia Thoueris, representada en su iconografía por un hipopótamo hembra erguido sobre sus patas traseras y relacionada habitualmente al mundo de la fecundidad. La ejecución, solidez, diseño y sobre todo el trabajo en piedra realizado en el antiguo Egipto de las primeras dinastías, siempre ha recordado enormemente a las construcciones andinas, con lo cual la Cultura Masma también pudo ser la que inició el desarrollo del imperio de los faraones a orillas del Río Nilo, y estar enormemente relacionada con todos los mitos y leyendas que hacen referencia a la Atlántida.

A la izquierda, una de las numerosas figuras existenten en Marcahuasi en la que los observadores destacan su enorme parecido a la diosa egipcia Thoueris, que podemos ver a la derecha.

 

Precisamente estas leyendas locales podrían entroncar perfectamente con el mito de la Atlántida, al referirse a los integrantes de la Cultura Masma como de una raza blanca de hombres altos barbados, fuertes y de gran inteligencia que terminaron sucumbiendo por una serie de cataclismos provocados por la furia de los dioses. Los mismos dioses blancos barbados, que por otro lado dieron origen al personaje mitológico más importante de todo el cono sur americano, Viracocha.

 

A unos 9 Km. al Oeste de Marcahuasi, y tal vez producto de la casualidad, desde la magnífica herramienta que nos proporciona Google Earth, es fácil localizar en lo alto de un cerro y de forma aislada, lo que para muchos sería la figura de un enigmático y gigantesco rostro humano mirando hacia el firmamento, figura que ,quizá también, podría relacionarse directamente con el proximo complejo de Marcahuasi.

 


 

 

 
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