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El legendario mausoleo de los antiguos reyes de Comagena está ubicado en la cima del monte Nemrut (2.150 metros de altitud), perteneciente a la cadena montañosa del Tauro, que forma parte de una zona geográfica conocida como Altiplano Armenio, en el centro oriental de la región turca de Anatolia. El yacimiento funerario fue dado a conocer a occidente en 1.881 gracias al General alemán Helmuth von Moltke, conde de Moltke, destinado como asesor militar en Turquía, después de que un grupo de pastores procedentes de un remoto poblado próximo al monte Nemrut, le hablase de un lugar donde se erigían unas misteriosas y enormes estatuas de personas y animales a los pies de una gran construcción cónica realizada a base de pequeñas piedras.

Túmulo funerario del Rey Antíoco I, declaro Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO
Tras su localización, conocida solo hasta ese momento por los pastores que vivían en la zona, tanto el viejo militar prusiano como los posteriores viajeros que hasta el día de hoy se han acercado por este perdido rincón de la Anatolia, han podido contemplar una de las más sorprendentes construcciones funerarias de la antigüedad, que llevó a la UNESCO en 1.987 a declararla como Patrimonio de la Humanidad. Sorprenden sin duda la altura de las enormes figuras de piedra, que oscilan entre los ocho y nueve metros, con sus cabezas diseminadas por el terreno adyacente, seguramente por el producto de los múltiples movimientos sísmicos tan habituales por estas latitudes, e identificadas por los arqueólogos como pertenecientes a los dioses Mitra, Helios, Hermes, Apolo y Zeus, la diosa Fortuna, los héroes Hércules y Alejandro Magno, y el propio rey que ordenó construir todo aquel complejo funerario, Antíoco I Epífanes, como así reza en las inscripciones grabadas en la parte posterior de los tronos de las terrazas oriental y occidental:
“…Yo, Antíoco, he mandado erigir esta mausoleo para mi mayor gloria y para gloria de los dioses…”.
En las cabezas de las estatuas esparcidas por el suelo, se observan diferentes daños y desperfectos, especialmente en las narices, que sugieren que pudieron ser producidas de forma deliberada por parte de grupos comprometidos en luchas religiosas, y que quisieron de esta forma ultrajar la memoria de estos dioses. Hay otras estatuas, dos águilas y dos leones, que también parecen resguardar el túmulo funerario situado a sus espaldas, poseedor de más de 50 metros de alto y 150 de diámetro, rodeado por tres terrazas monumentales escalonadas y adornadas también con colosales estatuas de los dioses del Olimpo sentados en sus tronos. Las estatuas entremezclan rasgos faciales griegos con vestimentas y peinados persas. El terraplén de la parte Oeste del túmulo cuenta con una gran losa con un león y un grabado de carácter astronómico con la posición de las estrellas y los planetas Júpiter, Mercurio y Marte el 7 de julio del año 62 a. C., posiblemente haciendo referencia a la fecha del inicio de la construcción del monumento. La zona oriental se encuentra muy bien conservada y está compuesta de varias capas de roca donde se puede apreciar evidencias de un antiguo camino amurallado entre las pendientes Este y Oeste. Entre los distintos posibles usos de este emplazamiento que los arqueólogos han barajado, se incluyen entre otras, también las ceremonias religiosas, probablemente por la naturaleza astronómica y religiosa del monumento.

Situación geográfica de Nemrut Dagi en Turquia

Plano área arqueológica
El túmulo funerario de la la montaña de Nemrut se levantó bajo la orden del rey de Comagena, Antíoco I, en el siglo I a.C. Antíoco I Fileleno, era un gran admirador del mundo grecorromano, pero sobre todo de la figura del genio militar y humano de Alejandro Magno. Comagena, un pequeño reino comprendido entre la región de Cilicia y el Río Éufrates, estaba rodeado por los dos más potentes imperios del momento, el romano y el persa. Antioco I, reinó entre el año 98 y el 31 a. de C. Fue hijo de Mitrídates I y de Laódice de Siria. Al inicio de su reinado se mostró beligerante con Roma, y más tarde tomó partido por Pompeyo en su lucha con Marco Antonio, lo que le costó que su capital, Samosata, fuera sitiada en el 38 a. de C. Durante su reinado no consiguió gloria alguna ni grandes logros que engrandecieran su figura, siendo su papel histórico el de un simple comparsa de las grandes potencias políticas y militares del momento. Sin embargo ideó un gran proyecto para que una vez que hubiera fallecido, pudiese alcanzar la gloria que tanto había anhelado y que no había podido conquistar en vida. Para ello decidió construir su propio monumento funerario en el punto más alto de su propio reino, y así, poder situarse finalmente por encima de los demás, haciendo caso omiso a la actitud de humildad y sumisión a la que se había visto obligado a establecer durante toda su vida, y así al final de su periplo, poder estar más cerca de los dioses.
LA TUMBA ESQUIVA
El túmulo que mandó erigir, una grandiosa realización compuesta por piedras machacadas que forman una pirámide de ciento cuenta metros de diámetro y algo más de cincuenta de altura, permanece hasta el día de hoy guardando todos los secretos al igual que el primer día. Todos los esfuerzos para localizar la cámara funeraria en el interior del túmulo, las galerías o pasadizos que seguramente recorren el interior de la construcción, han resultado baldíos, a pesar de no escatimarse medios ni recursos por parte de multitud de expediciones desde que se descubriese a finales del siglo XIX. Ni picos y palas, ni burdas e inadecuadas voladuras con explosivos, ni el empleo de equipos muy sofisticados de láser e infrarrojos han sido capaces por el momento de perturbar la última morada del rey que soñó con alcanzar la gloria eterna.
Muchas dudas han surgido en torno a la elección del emplazamiento así como el diseño del túmulo por parte de Antioco I. ¿Cómo un rey tan aparentemente vulgar consiguió construir un refugio inexpugnable? ¿Es sólo la tumba de un rey o esconde algo más importante? Independientemente a los continuos fracasos en cuanto a la localización de la cámara funeraria, no deja de sorprender la totalidad de la construcción que acompaña al propio túmulo, rodeado por tres terrazas imponentes que, dan testimonio de que allí no sólo existió una tumba, sino un santuario de dimensiones colosales. En varios bajorrelieves localizados se encuentran representaciones de Antioco I siendo recibido por los dioses, pero la que realmente ha sorprendido a los investigadores fue el descubrimiento de una estela, que como indicábamos anteriormente, tenía representaciones planetarias que apuntaban a una fecha muy concreta, el 7 de julio del año 62 a. C., y a la que se le ha supuesto (tal vez equivocadamente) como la del inicio del complejo funerario. ¿Cómo fueron capaces de reflejar sobre la piedra los astros de manera tan precisa sin el conocimiento suficiente del Sistema Solar?
 

Distintas instantáneas de las inmediaciones del túmulo funerario de Antioco I
En la terraza Este existe un gran altar de incineración, que ha hecho sospechar a algunos investigadores que tal vez la razón principal por la que hasta ahora nadie ha podido localizar la tumba de Antioco I es que, éste, tal vez fue incinerado en dicho altar, y sus cenizas esparcidas posteriormente por su reino, por lo que sencillamente jamás existió cámara funeraria alguna. Pero entonces, ¿por qué construir el gigantesco túmulo formado por miles de toneladas de grava y piedras en un lugar tan inaccesible e inhóspito como lo es la cima de una montaña? Si es cierto que Antioco I buscaba la gloria que no pudo conseguir en vida ¿sería lógico incinerarse y no rodearse de numerosos tesoros en una grandiosa tumba? La impotencia de los investigadores ante la falta de avances que pudiesen ayudar en desentrañar los enigmas que rodean la colosal obra de Antioco I, no han dejado hasta el momento de crear polémica.
¿Cuál fue realmente el motivo para la elección de la cima del monte Nemrut? ¿Fue la razón de ser el punto más alto del reino de Comagene y por tanto proporcional a la arrogancia de Antioco I o existía otro motivo?
DIOSES Y GIGANTES
Las leyendas y mitos armenios recogen que, precisamente, sobre la cumbre del monte Nemrut, se libró una importante batalla entre dos personajes míticos, Hayk y Bel, y fue allí precisamente, sobre el lugar donde ahora se encuentra levantado el túmulo de Antioco I, donde fue enterrado Bel, vencido en la batalla. De hecho, el manuscrito 2.544 del Matenadarán (archivo de códices de Ereván) ha conservado el siguiente testimonio sobre los sucesos entre Hayk y Bel:
“…Nebrot... fue el primer coronado y se consideró dios; y todos los príncipes se le sometieron, a excepción de Hayk... Y con todo su poderío Bel atacó a Hayk y fue muerto por él. La imagen de este Bel erigió Nabucodonosor, rey de los caldeos, que tenía 60 codos, y de Hayk dicen 36 codos…”

Cima del monte Nemrut a 2.150 metros de altitud, perteneciente a la cadena montañosa del Tauro, que forma parte de una zona geográfica conocida como Altiplano Armenio
Nota importante a destacar es que, el nombre Hayk ha sido usado con el sentido de “gigante” en la obra atribuida a Agathangelos (siglo V) y en las traducciones de Filón de Alejandría y Teón (siglos V-VI). En el siglo XVII, Eremiá Meghretsí glosa hayk (armenios) como “gigantes”. Bel, el dios que yace en la cumbre de Nemrut, es también el Zeus de los griegos, el Aramzd de los armenios, el Ormizd de los persas o el Marduk de los babilonios. Por otro lado Hayk es el legendario patriarca fundador de la nación armenia. Sus andanzas son narradas en la obra de “Historia” atribuida al historiador Movses Khorenatsi (Moisés de Choren o Corene) escrita en torno al siglo V, y que presenta una genealogía detallada del antepasado armenio de Hayk desde Japheth, el hijo de Noé, que nos proporciona la siguiente información:
“…Hayk era un hombre bueno y agradable, con cabellos rizados, ojos chispeantes, y fuertes brazos. Por su estatura parecía un gigante, era un hábil arquero y un guerrero audaz. Desde la época de sus antepasados Noé y Jafet, Hayk y su pueblo habían emigrado hacia el sur hacia las cálidas tierras contiguas a Babilonia. En estas tierras ejercía su poder un gigante llamado Bel. Bel intentaba imponer su tiranía sobre la gente de Hayk. Pero el orgulloso Hayk se negaba a someterse a Bel. Tan pronto como nació su hijo Aramaneak, Hayk se alzó, y condujo su pueblo de regreso a Ararat, la tierra de sus ancestros. Y al pie de las montañas, construyó su hogar en Haykashen…”
Si establecemos una equivalencia aproximada de unos 45 centímetros por codo, los datos que nos proporciona el Matenaradán de 60 codos para Bel y 36 codos para Hayk (que coincidiría con lo dicho por Khorenatsi, …por su estatura parecía un gigante…) resultaría que Bel alcanzaría la increíble estatura de 27 metros y Hayk poco más de 16 metros. Supongo que son datos exagerados para realzar la “grandeza”, y nunca mejor dicho, de estos personajes, pero que en todo momento tratan de recordarnos, que estos seres no tenían en ningún caso una altura normal. Quizá deberíamos recordar a personajes bíblicos como Goliat, el gigante de la historia de David, que alcanzaba una altura próxima a los tres metros:

Cabezas diseminas por el terreno, seguramente por el producto de los tan habituales terremotos que se producen por estas latitudes
“…Un famoso guerrero, oriundo de Gat, salió del campamento filisteo. Su nombre era Goliat, y tenía una estatura de casi tres metros. Llevaba en la cabeza un casco de bronce, y su coraza, que pesaba cincuenta y cinco kilos, también era de bronce, como lo eran las polainas que le protegían las piernas y la jabalina que llevaba al hombro. El asta de su lanza se parecía al rodillo de un telar, y tenía una punta de hierro que pesaba casi siete kilos. Delante de él marchaba un escudero…” (Samuel 17:4)
Y también el rey Og alcanzó cuatro metros de altura.
“…Porque Og rey de Basán era el único
sobreviviente de los gigantes. Su cama de
hierro está en Rebat de los amonitas. Su
longitud, nueve codos; y su anchura,
cuatro codos, codo de hombre…” (Deuteronomio 3:11)
¿Es entonces quizá que el túmulo funerario de Nemrut Dagi sea algo más que la tumba de Antioco I? No lo sabemos, pero sí que es cierto que, pocos sitios como la cima del monte Nemrut evocan para el visitante ese sabor y sensación de misterio con que los mitos y leyendas saben arropar a las antiguas moradas de los dioses.
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