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Un misterio se extiende desde hace centurias en la costa Este de la isla de Vancouver y el cabo Flattery, en Canadá, desde los actuales cabo Cook al Port San Juan. Un pueblo indio, el Nootka, evocador perpetuo de leyendas y enigmas ancestrales. Mitos entre los cuales se narran el ser hijos de divinidades creadoras blancas descendidas en aves desde el mundo de los espíritus, un lugar al que situaban más allá del Sol y la Luna, en un hermoso planeta violáceo llamado Venus, que en ciclos astronómicos era perfectamente visible desde sus tierras al noroeste de América y en el Pacífico.
Precisamente por ser apreciable desde allí mejor que en ningún otro lugar este planeta de nuestro sistema solar fue foco principal de la primera aventura del Capitán y explorador británico James Cook en su Discovery en 1778, ya que perseguía poder medir por vez primera la distancia entre el Sol, la Luna y nuestro planeta. Para ello era preciso observar Venus en un lugar muy determinado en el paralelo 45º, cerca donde ésta y otras singulares tribus llevaban milenios viviendo ajenas al mundo occidental y aún así no se sorprendieron de la llegada de los europeos a sus posesiones, les esperaban en todo caso.

Detalles de lo imposible, anécdotas de lo increíble, huellas del espacio
Sombreros de forma troncocónica y dibujados a modo de “ovnis” sobre las cabezas de los caciques y shamanes que anulan nuestra comprensión racional, pues en los mismos clanes, sobre todo en los nootka, también llamados Mowachahts, se seguían practicando los encerramientos de los sacerdotes en una especie de cajas, similares a imaginarias máquinas teleportadoras dignas del cine de Steven Spielberg o de la mítica saga de Star Trek, donde aseguraban esperar a que las divinidades bajaran a buscarlos para llevarlos al reino creador, donde dialogaban y les daban instrucciones.
Aborígenes que además de tener en común los orígenes misteriosos con los otros clanes colindantes, guardaban mucho menos alterados los mitos primigenios de su estirpe. En ellos se relataban curiosas historias como la de los cuervos y aves del mundo de los espectros en las que viajaban dormidos los dioses y las almas. En ellas también viajaban hombres dormidos que a veces habían bajado en sus lomos emplumados a nuestro planeta, nutriéndose durante la travesía de la propia ave. Depositados en tierra despertaban, debido a que las almas de las aves los poseían y vivían como hombres. De ellos descendían algunos de las tribus, los más sabios. Elegidos durante generaciones como sacerdotes y caciques, ya que la pureza de su sangre todavía mantenía el lazo de parentesco con la divinidad creadora y eran los que mejor se comunicaban con la misma, haciendo de portavoces entre el pueblo y los moradores de los cielos de las almas.
Debió ser este motivo racial el que tanta sorpresa causó al explorador Alessandro Malaspina, natural de Mulazo (actual Norte de la Toscana- Italia) pero representante de la corona de España, que los describe como tribus indígenas entre los que extrañamente moraban un reducido grupo de hombres de rasgos europeos, fisonomía trigueña y blancos de piel, así como de ojos claros. Los nootka en ese momento, 1781, contaban entre sus gentes con unas 4.000 personas y fueron divididos en tres grupos identificables - la confederación Tahsis-Yuquot conducida por el Jefe Maquinna, otro centrado en Tlupana bajo el mando del Jefe Tlupanalaug, y una tercera quedó bajo las órdenes del Jefe Hannape. Aunque fue Juan de Fuca quien probablemente fue el primer blanco en encontrar la tribu de los Wakash, compuesta por los Hailtzuk, Kwakiutl y Nootka, que podría haber recibido en 1774 al primer occidental, el español Juan Pérez. Los nootka, o Kive-net-che-chat, (“gente del Cabo”) según se llamaba ellos mismos, estaban divididos en veintitrés tribus y cuya deidad principal es "chabatta- Hatartstl", cuya traducción sería “el gran jefe que vive en lo alto”.

Unas características impropias tras otras observadas por los recién llegados nos hacen pensar que estos nativos americanos tienen arcarnos guardados en el baúl de sus recuerdos. Por cierto hablando no de baúles pero si de arcas encontramos una en sus tradiciones orales expresadas en su lengua Wakashan, tan poderosa que contenía guardada en su interior la fuerza y la energía solar, un astro rey enjaulado por un dios de oscuridad. Nadie podía acercarse al arca para que el Sol no fuera liberado (una leyenda similar explicaba la creación de nuestro satélite natural). Un hombre guardaba en secreto el arca del Sol y por eso nada vivía ni había luz. Pero la hija de ese hombre fue poseída (el cuervo “entró” en ella) por el ave del mundo de los espíritus. De la mujer nació el cuervo con forma humana y convenció a su abuelo (o su madre) para que le dejara jugar con ella. El contenido que dañaba a los otros hombres no lo hacia con los guardianes de la caja porque estaban seleccionados por los dioses para custodiarla (recuerda el relato del arca de la alianza y su guardián Moisés). En un descuido el cuervo encarnado en hombre (infiltrado en la raza humana) lanzó el Sol al cielo liberándolo por el agujero de una chimenea (o por la ventana, por propia ascensión, varia según la leyenda). Enfrentados ante la existencia de este mito un occidental cristiano o conocedor del relato bíblico queda estupefacto preguntándose si no seria el noreste americano el destino final del arca que tanto han buscado los pueblos creyentes. Y no es extraño el planteamiento de esta interrogante pues su descripción es similar. Su custodia casi igual de exhaustiva, ni a la una ni a la otra podían acercarse más que sus dueños, elegidos entre su pueblo como custodios de tan extraña ofrenda. ¿Qué sería el sol que nos relatan los indios, el astro o una energía moradora en el interior del cajón poderoso? y ¿quién era el hombre cuervo?. Los cuervos o aves sagradas según los indios de estos lugares es un importante ser mitológico, poderoso y portavoz de los propios dioses, en realidad uno de ellos. Es decir, un dios del mundo de los espíritus se habría autoengendrado en una mujer humana para una vez convertido en hombre físicamente "jugar con el contenido del arca" y liberar el astro que contenía, Un proceso que estaba planeado y que podría ser un cuento más para niños, si estuviera aislado de otras muchas anécdotas míticas con las que contaban estas tribus, hoy disueltas y mezcladas con los europeos, pero no por aquellos albores del XVII y XVIII.

Entre los chamanes de todas las tribus familiares encontramos muchos útiles artísticos que entraban dentro de la parafernalia mágica que ofrecían a sus creyentes. Pero son dos los que más nos llaman la atención, los sonajeros y los tocados. Los primeros servían para producir ruido y conectar con el mundo de las ánimas así como detectar presencias de incursores de esa dimensión en la nuestra. Pero en eso no difieren de la mayoría de otras tribus de chamanismos extendidas por el globo terrestre. Es el artilugio en si y sus representaciones artísticas las que realmente resultan increíbles, pues representan exactamente el mito de los niños dormidos. Era natural pues la venida de estos pájaros posiblemente producía un sonido semejante al del sonajero. A partir de ahí nuestra imaginación puede volar pensando que aquellos indios ocupados en cubrir sus necesidades diarias tenían poco tiempo para la elucubración y se limitaban a copiar lo que veían e introducirlo en su sociedad, política y religiosidad. Lo que hace sospechar que esos hombres dormidos podrían haber sido vistos alguna vez, aunque sólo fuera en estados alterados de conciencia a los que muchas tribus se sometían de forma colectiva en ciertas fechas puntuales para celebrar eventos de carácter mágico o para salvar una desgracia igualmente comunitaria. Y precisamente en tribus como los nootka estos útiles eran explícitos en representaciones de estos hombres dormidos o tal vez sólo en estado latente, lo que hoy asociamos con hibernados. ¿Quién sabe realmente que representaban?... todo es posible.
Lo mejor es que todos estos detalles: sombreros “ovnis”, relato del arca y una energía contenida (algo solar o nuclear), almas que entraban en cuerpos humanos, híbridos de espíritus estelares y hembras humanas, mitos de hombres dormidos viniendo a la Tierra en aves, etc. es un conjunto muy apetecible para cualquier buscador de misterios, porque son muchos de estos detalles los encontrados en el mundo dispersos entre las más antiguas culturas y verlos así juntos en una pequeña sociedad tribal aislada de Occidente hasta el siglo XVIII es un manjar nada despreciable, por el que no se debe pasar sin paladearlo al detalle...pista por pista, huella por huella.
Los conquistadores que llegaron al noroeste americano se enfrentaron a lo desconocido de una naturaleza diferente a la europea: islas verdes y heladas según posición geográfica, un perfil costero montañoso lleno de grandes y abruptos bosques que terminaban en perfil rocoso hacia el Pacífico, una fauna desconocida y abundante en animales poderosos y con fuerza guerrera y carnívora como los osos negros, los lobos, el zorro, etc. Unos cielos despejados y por la altitud “cercanos” a los cielos donde las estrellas se veían más claras que en la mayoría de lugares del mundo. Con unos días azulados cortados por azores, águilas y cuervos gigantes. Encerrados en aquel lugar por cientos de siglos, las tribus humanas evolucionaron y vivieron aprendiendo de lo que veían: la naturaleza, el mar, la tierra y los cielos. Pueblos estanco que según se distribuían en las zonas habitables habían ido adaptándose al medio como mejor pudieron, que a pesar de tener bases comunes entre ellas guardaban orígenes ajenos con recelo, los cuales transmitían de forma oral en sus rituales o los plasmaban en sus ricas demostraciones artísticas. Los Tlingit, Haida, Thimsshium, Bellaloda, Kwakiut y los Nootka son una pequeña muestra de lo que se encontraron estos primeros exploradores y colonos. Según se dice por los historiadores ortodoxos, los primeros en llegar a la zona debieron ser los rusos, en su afán de buscar rutas y explotaciones secretas hacia las Américas, así como abrir rutas comerciales marítimas de beneficio propio. Al llegar a estos lugares encontraron que la materia prima como la piel, y los minerales era abundante y así mantuvieron sus descubrimientos geológicos en secreto un par de siglos.

Entre estas tribus las que más nos interesan hoy por sus misterios, orígenes y sus relaciones con dioses estelares, estaban los Nootkan y los Tlingit. Muchas de estas familias tribales se distribuían entre Las costas de Kamchatka y Alaska. Pueblos descubiertos casi por azar, cuando los occidentales británicos y españoles, así como los franceses decidieron medir el mundo, observarlo y cartografiarlo. Uno de ellos fue el danés, nacionalizado ruso, Vitus Bering, que llegó hasta allí buscando saber si Asia y América estaban unidas de alguna manera por un trozo de tierra firme...lo estuvo en las coordenadas 67º 18’, por el estrecho que lleva su nombre y así pudo constatarlo al pisar estos límites. Pero al hacerlo se dio cuenta que Rusia ya había tenido otros viajeros por esos lares o al menos así lo supuso. Habían avanzado hacia el mar de Ojostsk a Kamchatka. Esos rusos habían llevado al emperador Pedro I, el Grande el rumor de que un país rico se situaba junto al este, pero no había más datos de este lugar, era solo un mito. El rey aceptó que el capitán Bering (1725/30) y otro aventurero Michael Spiridinovich Gvozdev (1733/42) hicieran realidad su búsqueda y con ello encontraran los países del noreste y el Pacífico.
Cuando el capitán Cook dijo haber conquistado Alaska, el mundo entero lo entendió así. Pero, mucho antes que él habían llegado los rusos y antes que ellos posiblemente los hombres blancos del mundo de los espíritus, sea cuales fueran. Tal vez eso explicaría porque estas tribus tenían entre sus amuletos y símbolos más importantes el ojo de la divinidad, un ojo único abierto y rasgado situado en las partes más importantes de sus tótems, en los útiles más mágicos y en los artilugios de poder shamánico. Un ojo que les entroncaba con otro pueblo a miles de kilómetros de allí, el egipcio y su ojo de Horus, y con el que nunca habían tenido ninguna relación ¿o si? Los indios usaban tótem para representar a su deidad suprema, los egipcios tenían los obeliscos con idéntica finalidad. Columnas que representaban en la cúspide a la divinidad y en la base al poseedor de la fe y entre medio los espíritus comunicadores o deidades zoomórficas: aves y otros animales en cuerpos humanizados, idéntico en ambas civilizaciones. La propia historia de sus dioses es similar, porque en ambas culturas venían de los cielos y habían bajado en piragua para los indios y en barca para los egipcios, un hecho idéntico explicado con dos formas diferentes de sociedad, que les hacia explicar lo que observaban relacionándolo con cosas comunes de su entorno, es decir, con barcas y canoas que descendían del mar celeste.
Mientras los egipcios una vez asentados como cultura floreciente edificaban a sus dioses enormes monumentos, entre ellos las pirámides, los indios seminómadas se dedicaron a rendir tributo a las deidades con otras facetas del arte. Y aun así la forma piramidal existe en la cultura indígena del noroeste sólo que no la encontramos en forma monumento sino en...pirámides portátiles, las de sus propios hogares. Formas cónicas construidas para el hábitat familiar, de interior y base circular o cuadrangular en cuyo centro de deja una obertura que sirve tanto para ver el cielo como respiradero de humos del lar. Una relación que puede ser una locura o algo tan simple que por eso no nos atrevemos a ver, pero pudiera ser real.
¿Asimilaron los indios del noroeste americano una cultura anterior o estuvieron en contacto con una que también en un momento histórico tuvo que ver con la egipcia?, ¿demasiadas fantasías? Veamos algunos detalles que nos argumenten posibilidades: Cierto es que cuando Cook llegó a Vancouver encontró rastro de los rusos. Habían estado allí y así lo corroboró un profesor de historia de la época Gerhard Friedrich Müller de la academia de Ciencias de San Petersburgo, en un libro donde enunciaba los descubrimientos cartográficos y mostraba mapas de la zona, por cierto con detalles omitidos en beneficio de Rusia y su comercio, motivo por lo que fue acusado duramente por el investigador suizo Samuel Engel que no acertaba a comprender porqué el historiador había mentido a beneficio del comercio ruso, ya que era ilógico esperar que los exploradores de otros países tardaran mucho en encontrar los errores de navegación y corregirlos, ¿que quería ocultar exactamente pieles, animales, yacimientos, islas, tribus?.Los exploradores ingleses y españoles no encontraron nada excepto eso, comercio en potencia.
Pero Cook si encontró años después curiosas anécdotas que no entendió. Cuando en junio de 1778 escribió en su diario como fue recibido por los indios de Huindeinbrock dice que vinieron hacia él en canoa, sin miedo, alegres, con gorros al estilo europeo con forma de plato vuelto (en cuya parte superior por cierto se dibujaban rasgos geométricos y ojos en ventanucos). Añade que lo que más le sorprendió es que le entregaron una "especie de caja cerrada". Al abrirla encontró algo parecido a papel vegetal, estaba escrito con grafos parecidos a los rusos, por lo que entendieron que ellos las habían escrito, pero no supieron traducirlas aunque algunos marineros lo intentaron pues conocían algo del idioma. Las cartas nunca se encontraron, sólo aparecen escritas en su diario, ¿las habían escrito los rusos?, ¿con que intención... dejar constancia de su llegada antes que otros? En este caso, ¿no hubiera sido más lógico dejar señales como construcciones y no confiar en que los indígenas las entregaran?.
Cook empezó a explicarse ahora por qué esos nativos conocían instrumentos de navegación europeos y vestían con ropajes entre los que figuraban objetos como las capas. También supuso que eso daba lógica a que conocieran utensilios y detalles extranjeros como los botones. Añadido a todo esto pudo observar que efectivamente como luego diría Malaspina, los nativos parecían tener dos rasgos marcados, uno de cariz oriental y ojos rasgados y otros de clara procedencia caucasiana y color triguero, siendo estos los elegidos como caciques y shamanes por ser de linaje más puro con los dioses, ¿eran los rusos entonces los dioses? Obtenían herramientas del hierro como cuchillos dagas y espadas. Cook comenzó a pensar (en su lógica científica y exento a explicaciones más pragmáticas) que estaba claro que los rusos habían estado allí conviviendo con ellos y mezclando su sangre durante generaciones. Pero, ¿desde cuando?, ¿eran ellos los niños dormidos? Porque esos si que aseguraban los indios que habían estado allí antes mezclándose con ellos.

Los mejore marinos de la época pasaron por allí, el italo-español, los españoles Alcalá Galiano, Valdés, el danés Bering, los ingleses Cook y Vancouver, el francés Conde de la Pérousse todos ellos se repartieron los descubrimientos cartográficos. Cook en una de sus tres misiones a la zona, exactamente en la primera, estaba abocado en los estudios de la bóveda celeste. Querían observar el tránsito de Venus desde las islas de los mares del sur, era un movimiento científico sin precedentes pues hacerlo desde allí significaba determinar las distancias del Sol y la Tierra. Pero sobre todo eran tiempos para que los científicos descubrieran cosas de nuestro planeta, más que del cielo, probaron todo tipo de instrumental de navegación y observaron relataron, dibujaron copiaron todo cuanto veían, con el único problema de dar solo como importante lo que veían sus ojos y relegando a mito lo que se les contaba por parte de los nativos.
Cuando James Cook llegó a la Bahía Nootka los relatos y los sucesos simplemente se anotaron esperando que la ciencia europea los explicara a posteriori. De nuevo la tripulación del capitán se encontró con indios que no se sorprendían de verles sino que les esperaban, conocían las armas de fuego como si ya las hubieran visto. Eso les dio que pensar sobre todo a Cook que anotó "el hecho de poseer estos metales /hierro y bronce/ nos hizo deducir que pueblos más civilizados habían pasado por allí o habían tenido contacto y comunicaciones con otras tribus de este continente”.

Anotó también que los nativos tenían las costumbres de dibujar grandes épicas de sus clanes en los sombreros y anotar en ellas cosas tan importantes como cazas de ballenas o fechas importantes históricas para la tribu, vivencias en definitiva, lo que hace pensar que estos ovnis pudieran ser objetos vistos por ellos y pasaran a ser importantes tanto para ser dibujados. Lo mismo sucedería con los hombres dormidos y los hombres poseídos por cuervos espirituales. Le llamo poderosamente la atención el personaje del shaman, comunicando con los espíritus dentro de un cajón sellado en el que se introducía tocado por una especie de diadema con figuras de dioses y grandes ojos. Los bastones también le recordaron a los de otros pueblos nómadas y tribales que había leído vivían en África y asimismo en una argucia intelectual los asoció con los propios cetros de los gobernantes europeos, bastones de poder simbólico que podrían tener un sentido ancestral similar y un pasado común en todos los casos.
Lo cierto es que los misterios de los pueblos del noroeste americano y las islas del Pacífico duermen en el reposo de los siglos de las conquistas, allí se difuminaron con las culturas europeas y tribus que se habían mantenido puras en costumbres desde tiempos insospechados se corrompieron por el comercio que les ofrecía la apertura al Nuevo Mundo de Occidente. Ya no se hacían rituales por el mero hecho de comunicar con el mundo de los espíritus, se hacían al por mayor y sacaban dinero comerciando con los marineros. Ya no estaban tan preocupados de recordar sus orígenes, necesitaban sobrevivir en su futuro.
El misterio se dibujó en los libros de bitácora de los marinos y poco después se rompió en el gran espejo estallado de la historia donde la confusión y la realidad son sólo trozos de cristal mal colocados, en espera de que los orfebres artesanos con paciencia reestructuren la Luna para que vuelva a ser lo que siempre fue un lugar donde reflejar la verdad que observa. Los indios como los Nootka también guardan allí la suya esperando a ser correctamente reconstruida.
LOS AUTORES son periodistas e investigadores del mundo paranormal. Colaboran en gran cantidad de programas de radio y televisión, asi mismo han escrito gran cantidad de artículos en munerosas revistas de investigación de todo el mundo. Son co-directores de una de las páginas web de investigación de enigmas y misterios más importantes en lengua española, "Años Luz".
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