EL ENIGMA DEL PLANISFERIO K-8538

Por: Carlos E. Casero

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En fechas recientes han anunciado a bombo y platillo en distintos medios de comunicación un estudio de un grupo de científicos de la Universidad de Bristol, en el que se recogen una serie de conclusiones acaecidas muchos siglos atrás y a partir de haber descifrado, siempre según ellos, una vieja tablilla circular de arcilla con textos cuneiformes descubierta en el siglo XIX por el arqueólogo victoriano Henry Layard en las ruinas del antiguo palacio de Nínive, última capital del imperio asirio, y datada alrededor del año 750 a. C.

 

Imagen difunfida por todas las agencias de prensa, que recientemente se han hecho eco del descubriento del significado hasta ahora oculto, de una tablilla circular con textos cuneiformes encontrada en el siglo XIX.


El grupo de científicos encabezados por Alan Bond, director de una compañía espacial y Mark Hempsell, profesor de aeronáutica de la Universidad de Bristol, encajaron una serie de trabajos anteriormente desarrollados (sobre todo de tipo geológico) hace ya algún tiempo con los textos recientemente traducidos de la K-8538, que es el nombre con el que fue denominada originalmente esta pieza de arcilla circular de apenas 13 centímetros de diámetro, para ser depositada posteriormente en la sección de antigüedades asirias y babilónicas del Museo Británico de Londres. Al igual que otras muchas tablillas encontradas en el mismo emplazamiento de lo que en su día fue La Biblioteca Real de Nínive del rey asirio Asurbanipal (668 – 627 a. C.), la K-8538 era según los expertos una copia asiria de un original mucho más antiguo de procedencia sumeria, pero rápidamente llamó la atención su forma circular y que en uno de sus lados presentase figuras geométricas desconocidas no vistas en otro tipo de objetos encontrados, así como flechas, triángulos, líneas e incluso una elipse o curva matemático-geométrica que hasta ese momento se creía desconocida en la antigüedad.


Son cientos de miles las tablillas de arcilla encontradas en distintos emplazamientos tras el espectacular hallazgo de Henry Layard en las ruinas de Nínive y otras muchas más las que con toda seguridad permanecen enterradas bajo las arenas de Mesopotamia. Se cuentan por millares las que hacen referencia en sus antiguos textos a tratados de astronomía y astrología, habiendo aparecido en ellas las primeras raíces de la moderna astronomía y matemáticas que conocemos. El legado de estos sacerdotes-astrónomos fue de una gran influencia en la práctica de la astronomía, la astrología y las matemáticas en las regiones circundantes, y su influencia determinó hasta nuestros días a pueblos como el egipcio o a áreas tan extensas como todo el Mediterráneo Oriental, el subcontinente indio e incluso posiblemente el Extremo Oriente. Ya los sumerios practicaron el hábito de dividir el círculo en 360 grados sexagesimales, el día en 24 horas y la división del firmamento en los 12 signos del zodiaco que todo el mundo ha usado hasta el día de hoy.
Pues bien, la que fuera considerada tras su presentación a la Real Sociedad Astronómica Británica a comienzos del año 1.880 como “el más enigmático de los documentos mesopotámicos”, por ser completamente diferente al resto de miles y miles de tablillas de arcilla encontradas hasta ese mismo momento, parecía ocultar la descripción de un antiguo astrónomo sumerio escrita el cuarto milenio a. C., del impacto de un meteorito que logró causar una gran conmoción a nivel mundial. Este grupo de investigadores atribuye nada más y nada menos que a este cataclismo, la desaparición de las ciudades bíblicas de Sodoma y Gomorra, identificando el lugar del impacto a miles de kilómetros al Oeste de ambas ciudades destruidas según el Génesis por Yahvé con una tempestad de fuego y azufre, exactamente sobre los Alpes austriacos, muy lejos de la cuenca mesopotámica, explicando ya de paso otro de los misterios que ha traído de cabeza a geólogos de todo el mundo desde hace mucho tiempo atrás: el gigantesco desplazamiento de tierras junto a la localidad austriaca de Koefels. Y como no podía ser de otra manera, ya puestos a despejar todo tipo de enigmas, misterios o dudas, se han atrevido incluso a fijar la fecha del impacto con insólita precisión, el 29 de junio del año 3.123 a. C.

 

 

La Real Sociedad Astronómica Británica, calificó a éste inusual "planisferio" a finales del siglo XIX como "el más enigmático de los documentos mesopotámicos". Hoy, y segun siempre el grupo de investigadores de la Universidad de Bristol. el enigma habría sido resuelto.


Tres grandes misterios resueltos de una sola jugada. La magnitud del impacto del bólido celeste sobre la región centroeuropea, parece ser que levantó una poderosa columna de polvo y tierra que tras ser desplazada por la fuerza de los vientos, cosas del caprichoso destino, terminó por caer y sepultar a las ciudades de Sodoma y Gomorra. Los motivos y las numerosas descripciones de los hechos acontecidos antes de la desaparición de ambas ciudades que nos presenta el texto bíblico, poco parecen importar a este selecto grupo de serios científicos británicos poco dados a mitos y leyendas de gentes primitivas, quienes han encontrado parte de la solución en las cumbres austriacas a varios miles de kilómetros de distancia y corroborado definitivamente, gracias a la traducción de la tablilla K-8538, la misma que, como citábamos anteriormente, durante muchas décadas fue “el más enigmático de los documentos mesopotámicos”.


En la nota de prensa presentada a nivel mundial para dar a conocer sus conclusiones, se hace mención a que, y cito textualmente, “…en realidad hubo un excéntrico historiador azerí que presumió hace unos años de haber podido descifrar la tablilla, proclamando que era la prueba de un encuentro extraterrestre…”, todo ello en tono de burla y de autocomplaciente satisfacción por su hallazgo, pero…, ¿quién fue ese excéntrico investigador y qué logró descifrar de la K-8538?

 

Para el investigador Zecharia Sitchin,el supuesto planisferio, no sería más que una "hoja de ruta" seguida por los dioses para alcanzar el planeta Tierra, desde el exterior del Sistema Solar


En 1.976 el historiador e investigador afincado en los EE.UU y de origen ruso-hebreo Zecharia Sitchin, experto en arqueología y lenguas muertas, dió a conocer en el primero de sus libros, El Duodécimo Planeta (The 12th Planet), primero de los que componen su colección de “Las Crónicas de la Tierra”, la hipótesis por la cual nuestro planeta fue visitado hace muchos miles de años por una civilización extraterrestre, la cual transformó la genética de los homínidos existentes dando un gran salto cualitativo a la raza humana y dirigiendo los destinos del hombre hasta su partida final. Según esta misma hipótesis, todas las religiones tienen su punto de partida en esta visita y su mejor fuente de estudio e investigación es la correcta traducción de todos los textos antiguos.


Dentro de esa misma dinámica, y en su obra anteriormente referida, El Duodécimo Planeta, Zecharia Sitchin recoge la existencia de la tablilla K-8538 y extrae tras su estudio y análisis (es uno de los pocos eruditos a nivel mundial que lee e interpreta textos en lengua sumeria) una serie de conclusiones que son el motivo de mofa y burla del equipo de investigadores de la Universidad de Bristol.
Como señala el propio Sitchin y confirman la  mayoría de los investigadores que desde  el siglo XIX han estudiado la tablilla, dicho objeto parece ser inicialmente un “astrolabio o planisferio”, objeto utilizado para medir la altura de un cuerpo celeste sobre el horizonte, y en donde apenas se llegan a leer correctamente los valores fonéticos de los signos cuneiformes que sobre su superficie aparecen divididos en ocho sectores de 45 grados en su anverso (el reverso no está escrito) y que parecen referirse a nombres de estrellas, planetas y constelaciones, si bien otros textos ante la dificultad de su interpretación (se repiten constantemente muchas silabas) se les ha atribuido el calificativo de “formulas mágicas y exorcismos”. Tampoco saben muy bien los expertos explicar cuál es el motivo de la división en ocho sectores, tal vez representen cuatro cuadrantes cardinales dobles o una representación solar con cuatro ejes y cuatro rayos solares intercalados, e incluso una referencia a los ocho vientos de las tradiciones babilónicas. Pero si todo esto fuera así ¿cuál era el propósito real del supuesto planisferio?

 

 

Transcripción de uno de los sectores del plano "Cielo-Tierra" que aparece en la obra "The 12th Planet" (El Duodécimo Planeta), editado por vez primera en el año 1.976.


Sitchin sugiere que al ser cada uno de los ocho sectores de 45 grados, el conjunto total de 360 grados representados en el “supuesto planisferio”, sitúan el punto focal sobre los cielos de Babilonia, prestando especial atención a que mientras los nombres de estrellas o planetas escritas dentro de los diversos sectores eran medianamente legibles, por el contrario, las inscripciones dispuestas a lo largo de las líneas de división de esos mismos sectores carecían por completo de sentido alguno (excepto el mágico que algunos han querido darle), constituyendo una serie de silabas repetidas continuamente en lenguaje asirio, pero si se leen en lenguaje sumerio, adquieren inmediatamente todo el sentido perdido anteriormente.
El supuesto planisferio K-8538 desde esta nueva perspectiva pasa a transformarse en un mapa que establece una ruta de vuelo de una de las principales deidades mesopotámicas de origen sumerio, el dios Enlil, desde el cielo a la Tierra y su paso por las orbitas de cada uno de los planetas del Sistema Solar, siendo descritos minuciosamente todos los detalles del vuelo en el Capítulo IX, Aterrizaje en el Planeta Tierra, que Zecharia Sitchin incluye en su libro El Duodécimo Planeta.

En cualquier caso, la totalidad del trabajo recopilado por el grupo de científicos de la Universidad de Bristol, ha sido publicado en un libro con el título de “A Summerian Observation of the Koefels Impact Event”, recientemente puesto a la venta en el Reino Unido. Las críticas no se han hecho esperar, no ya solo por los seguidores del “excéntrico” Zecharia Sitchin o los que interpretan textualmente todos los acontecimientos bíblicos concernientes a la desaparición de las ciudades de Sodoma y Gomorra, como sería el hecho de la transformación en “estatua de sal” de la esposa de Lot, cuando se atrevió a mirar atrás mientras huía pese a el mandato de Yahvé de prohibir dicha acción, sino también por algunos expertos en interpretación de antiguos textos mesopotámicos.

 

 

 
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