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Uno de los relatos bíblicos que siempre me han llamado más la atención es el que podemos encontrar en el segundo libro de la Biblia, el Éxodo. El nombre de “éxodo” se compone de dos palabras griegas que significan “camino de salida” o “camino de partida”, haciendo referencia al tema principal del libro: La salida del pueblo de Israel de Egipto. En la Biblia hebrea llamada “Tanaj” este libro lleva el nombre de sus palabras iniciales “we élleh shemoth”, cuyo significado es “Y estos son los nombres” (Éxodo 1:1). Este libro viene a rememorar el comienzo de la nación judía, a partir de la huída de Egipto en busca de la Tierra Prometida encabezada por uno de sus máximos patriarcas, Moisés. Sus estudiosos lo han dividido en seis partes. La primera de ellas de los capítulos 1 al 12, trata de la situación de esclavitud del pueblo judío en las tierras del faraón y de cómo la elección de Moisés por parte de Dios determina el futuro de los hebreos. La segunda parte abarcaría del capítulo 13 al 18, consistentes en la huída de los israelitas y el comienzo de su largo peregrinaje por el desierto hasta llegar al Monte Sinaí. La tercera parte, capítulos del 19 al 24, marcan la alianza de Yahvé, el dios de Israel con su pueblo, en donde se hace entrega de las Tablas de la Ley. La cuarta parte del libro, capítulos del 25 al 31, es una de las más complejas e increíbles. En ella, se dan toda clase de instrucciones sobre construcción de objetos, vestimentas, rituales, leyes, costumbres y un largo etcétera de normas de convivencia para la nación judía. El desarrollo de todas estas normas también es protagonista en la quinta parte del libro, capítulos del 32 al 34, culminando con el incidente del Becerro de Oro, donde Yahvé sintiéndose traicionado por su pueblo rompe las Tablas de la Ley. La última y sexta parte, capítulos del 35 al 40, una vez entregadas las nuevas Tablas de la Ley y renovada la alianza, es una continuación de las observaciones y normas iniciadas desde la cuarta parte del libro, donde destaca la imposición del Shabbat (sábado) como día de descanso.


Arriba podemos observar vía satélite la península del Sinaí, que es poseedora de un desierto arenoso en el norte y de escarpadas montañas en el sur. Es aquí donde podemos encontrar la elevación más alta de Egipto, el Yébel Katarina (2.642 m). En otra de sus cumbres, el Monte Sinaí, según el Antiguo Testamento Moisés recibió las tablas con los Diez Mandamientos.En la imagen inferior aparece señalada con pequeñas flechas la hipotética ruta seguida por el pùeblo de Israel durante sus 40 años de peregrinaje.
En la segunda parte del libro, exactamente en el capítulo 16, sucede un hecho indudablemente extraño y de enorme transcendencia para el desarrollo de todos los acontecimientos posteriores. La supervivencia física de todos y cada uno de los integrantes de la larga marcha por un terreno árido y hostil, fue al menos en uno de sus apartados más básicos asegurada. La manutención alimentaria de docenas de miles de personas en mitad del desierto fue providencialmente suministrada. Leamos por favor muy detenidamente el siguiente texto:
ÉXODO 16
1 … Toda la comunidad israelita salió de Elim y llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí. Era el día quince del mes segundo después de su salida de Egipto.
2 … Allí, en el desierto, todos ellos comenzaron a murmurar contra Moisés y Aarón.
3 … Y les decían:
-¡Ojalá Yahvé nos hubiera hecho morir en Egipto! Allá nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos hasta llenarnos, pues nos habéis traído al desierto para matarnos de hambre a todos-.
4 … Entonces Yahvé le dijo a Moisés:
-Voy a hacer que les llueva comida del cielo. La gente deberá salir cada día, y recogerá solo lo necesario para ese día. Quiero ver quién obedece mis instrucciones y quién no-.
5 … -El sexto día, cuando preparen lo que van a llevar a casa, deberán recoger el doble de lo que recogen cada día-.
6 … Moisés y Aarón dijeron entonces a los israelitas:
-Por la tarde sabrán ustedes que Yahvé fue quien los sacó de Egipto-.
7 … -Y por la mañana verán la gloria de Yahvé; pues ha oído que ustedes murmuraron contra él. Porque, ¿quiénes somos nosotros para que ustedes nos critiquen?-
8 … Y Moisés añadió:
-Por la tarde Yahvé les va a dar carne para comer, y por la mañana les va a dar pan en abundancia, pues ha oído que ustedes murmuraron contra él. Porque, ¿quiénes somos nosotros? Ustedes no han murmurado contra nosotros, sino contra Yahvé-.
9 … Luego Moisés le dijo a Aarón:
-Di a todos los israelitas que se acerquen a la presencia de Yahvé, pues él ha escuchado sus murmuraciones-.
10 … En el momento en que Aarón estaba hablando con los israelitas, todos ellos miraron hacia el desierto, y la gloria de Yahvé se apareció en una nube.
11 … Y Yahvé se dirigió a Moisés y le dijo:
12 … -He oído murmurar a los israelitas. Habla con ellos y diles: “Al atardecer, ustedes comerán carne, y por la mañana comerán pan hasta quedar satisfechos. Así sabrán que yo soy el Señor su Dios”-.
13 … Aquella misma tarde vinieron codornices, las cuales llenaron el campamento, y por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento.
14 … Después que el rocío se hubo evaporado, algo muy fino, parecido a la escarcha, quedó sobre la superficie del desierto.
15 … Como los israelitas no sabían lo que era, al verlo se decían unos a otros: "¿Y esto qué es?"Y Moisés les dijo:
-Este es el pan que Yahvé os da como alimento-.
16 … -Y esta es la orden que ha dado Yahvé: Recoja cada uno de ustedes lo que necesite para comer y, según el número de personas que haya en su casa, tome más o menos dos “gomer” por persona-.
17 … Los israelitas lo hicieron así. Unos recogieron más, otros menos.
18 … Según la medida acordada; y ni le sobró al que había recogido mucho, ni le faltó al que había recogido poco. Cada uno había recogido la cantidad que necesitaba para comer.
19 … Luego Moisés les dijo:
-Nadie debe dejar nada para el día siguiente-.
20 … Sin embargo, algunos de ellos no hicieron caso a Moisés y dejaron algo para el otro día; pero lo que guardaron se llenó de gusanos y apestaba. Entonces Moisés se enojó con ellos.
21 … Cada uno recogía por las mañanas lo que necesitaba para comer, pues el calor del sol lo derretía.
22 … Pero el sexto día recogieron doble porción de comida, es decir, unos cuatro “gomer” por persona; entonces los jefes de la comunidad fueron a contárselo a Moisés.
23 … y Moisés les dijo:
-Eso es lo que Yahvé ha ordenado. Mañana es sábado, un reposo consagrado al Señor. Cocinen hoy lo que tengan que cocinar y hiervan lo que tengan que hervir, y guarden para mañana todo lo que les sobre-.
24 … De acuerdo con la orden de Moisés, ellos guardaron para el día siguiente lo que les había sobrado, y no apestaba ni se llenó de gusanos.
25 … Entonces Moisés dijo:
-Cómanlo hoy, que es el sábado consagrado a Yahvé, pues en este día no encontrarán ustedes nada en el campo-.
26 … Podrán recogerlo durante seis días, pero el séptimo día, que es sábado, no habrá nada.
27 … Algunos de ellos salieron el séptimo día a recoger algo, pero no encontraron nada.
28 … Entonces Yahvé le dijo a Moisés:
-¿Hasta cuándo van ustedes a seguir desobedeciendo mis mandamientos y mis enseñanzas?-
29 … -Tomen en cuenta que yo, Yahvé, les he dado un día de reposo; por eso el sexto día les doy comida para dos días. Así que el séptimo día cada uno debe quedarse en su casa y no salir de ella-.
30 … Entonces la gente reposó el día séptimo.
31 … Los israelitas llamaron maná a lo que recogían. Era blanco, como semilla de cilantro, y dulce como hojuelas con miel.
32 … Después Moisés dijo:
-Esta es la orden que ha dado Yahvé: “Llenen de maná una medida de dos “gomer”, y guárdenla para sus descendientes, para que vean la comida que yo les di a ustedes en el desierto, cuando los saqué de Egipto-”.
33 … A Aarón le dijo:
-Toma una canasta, y pon en ella unos dos “gomer” de maná. Ponla después en la presencia de Yahvé, y que se guarde para los descendientes de ustedes-.
34 … De acuerdo con la orden que Yahvé le dio a Moisés, Aarón puso la canasta ante el arca de la alianza, para que fuera guardada.
35 … Los israelitas comieron maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a tierras habitadas; es decir, lo comieron hasta que llegaron a las fronteras de la tierra de Canaán.
36 … Y un “gomer” es la décima parte del epha (*).
(*) La unidad de medida de los antiguos hebreos para los sólidos era el “epha” y para los líquidos era el “bato”. Variaron frecuentemente su capacidad a lo largo de los siglos, pues sus cautiverios en Egipto y Babilonia modificaron en parte sus usos y costumbres. Como bien dice el texto bíblico, el “gomer” cuando comenzó el éxodo (1.447 a.C.) equivalía a 1/10 de “epha,”, y el “epha”a su vez era equivalente al “bato”, consistente en 35 litros, con lo que un “epha” rondaba los 35 kilogramos. De todo ello deducimos que, unos pocos gramos arriba o unos pocos gramos abajo, el “gomer” equivalía a 3,5 Kilogramos de peso.


Largas y duras jornadas precedieron a la fuga de Egipto por un terreno muy poco hospitalario, sin apenas vegetación y agua, y en donde es fácil alcanzar temperaturas próximas a los 50 grados centígrados.
Al igual que los extrañados israelitas que observaron por primera vez en su vida aquella extraña sustancia depositada sobre la superficie del desierto, no puedo por menos que preguntarme ¿qué era exactamente el maná?
Etimológicamente la palabra “maná” no tiene ningún significado en el lenguaje hebreo, y se cree que deriva de la expresión “man-hu” (qué es) propia de la reacción de los judíos al ver esta sustancia como se describe en el versículo 15 (¿y esto qué es?). Entre quienes aceptan el éxodo del pueblo israelita descrito en la Biblia como un hecho histórico real y desde una perspectiva lo más racional y ajustada al conocimiento científico, existe más o menos un consenso para explicar tan curioso fenómeno.
Desde hace varios siglos es conocida la presencia del “pan bajado del cielo”, un producto que los pobladores de la Península del Sinaí recolectan y venden en los mercados. Dicho “pan” cae a primera hora de la mañana en forma de pequeñas gotas que cubren a forma de escarcha, piedras, ramas y hierbas. Estas gotas procedentes de unos arbustos conocidos con el nombre de tamariscos (tamarix mannifera), una acacia nativa del Sinaí, tienen un sabor dulce como la miel y una textura pegajosa. Se producen por una secreción originada por la picadura de una especie oriunda de cochinillas sobre la planta del tamarisco. Alcaer es de color blanco, adquiriendo con el paso del tiempo una coloración amarillenta y oscura. Los moradores del Sinaí suelen recogerlo cuando el suelo alcanza una temperatura aproximada de 21 grados centígrados, que viene a coincidir también aproximadamente sobre las ocho y media de la mañana, pues las hormigas, sus principales competidores en la recolección del “pan bajado del cielo” aún permanecen aletargadas. Las escasas lluvias de invierno favorecen la producción de este producto tan singular que constituye una fuente de alimentación extra para los beduinos de la zona, y que logran conservar durante largo tiempo una vez recolectado. Las previsiones más optimistas aseguran que en un año climatológicamente favorable se puede coger cada mañana medio kilo por hombre, que sería más o menos una cantidad apropiada para alimentar a una persona adulta durante un día.
Todos estos datos están perfectamente contrastados y en principio explicarían razonablemente lo que para los antiguos israelitas fue un regalo del cielo. Ahora bien, en ésta hipótesis perfectamente argumentada no se han despejado una serie de interrogantes sobre las que se ha pasado por encima sin darles mayor importancia.
¿Cómo se explica que el maná apareciese todos los días excepto el sábado? ¿Tiene suficientes propiedades nutricionales el maná como para alimentar exclusivamente con él a una persona durante largos años? ¿A lo largo del amplio periodo de tiempo que permanecieron los israelitas en el desierto del Sinaí y que les llevó a contactar con pueblos nativos de la zona, no se dieron cuenta que el maná era un proceso natural y conocido por los lugareños?, y por último la cuestión más importantes de todas, ¿durante tantos años de peregrinaje por el árido desierto del Sinaí, los escasos tamariscos de las zonas que atravesaban dieron abasto para producir decenas de toneladas diarias con las que sustentar a cientos de miles de personas?
  
El tamarisco autoctóno del Sinaí suele aparecer de forma muy aislada o en muy reducidos grupos.
Respecto a la primera de las cuestiones, si exceptuamos que sea un dato totalmente falso e introducido a propósito para resaltar la importancia del Shabbat, no se puede encontrar ningún razonamiento lógico que explique la total ausencia de secreción de maná los sábados, sin olvidar claro está, que los viernes había doble de producción, otro proceso inverosímil. Del mismo modo no se entiende el motivo por el cual el maná “apestaba y se llenaba de gusanos” si se guardaba de un día para otro, cuando es una practica ancestral y muy común entre los beduinos del desierto.
En la segunda cuestión que planteamos, no podemos dejar pasar por alto que no existe un alimento en todo el mundo con las suficientes propiedades nutricionales que asegure una alimentación de calidad a largo tiempo. Y ya no solo de calidad, sino de funcionalidad básica para el mantenimiento de un estado de salud mínimo, y más aún en un medio tan hostil como lo es un desierto. Es por ello que una vez más solo cabe pensar que el autor o autores del Éxodo, exageraron el papel casi en exclusiva que tuvo el maná en la alimentación del pueblo judío, y que éste lo combinó con otros alimentos autóctonos de la zona, que abarcaría desde raíces y aves hasta incluso insectos, por no hablar (aunque no se haga mención a ello en ningún momento) de parte del ganado con el que salieron de Egipto. El ritmo de marcha exigía una buena condición física, y por tanto una buena alimentación. Al menos durante las primeras etapas, y tal como nos narra el libro del Éxodo no hubo mucho tiempo para el descanso…
ÉXODO 13
20 … Partieron de Sukkot y acamparon en Etam, al borde del desierto.
21 … Yahvé iba al frente de ellos, de día en columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en columna de fuego para alumbrarlos, de modo que pudiesen marchar de día y de noche.
22 … No se apartó del pueblo ni la columna de nube por el día, ni la columna de fuego por la noche.
Llegados a la tercera cuestión, y tal como nos narra el propio capítulo 16 del Éxodo, las penurias de los israelitas durante su periplo por tierras desérticas eran un excelente caldo de cultivo para todo tipo protestas y quejas ante sus lideres, que llevó incluso a algún intento de rebelión contra Moisés. En su avance hacia la tierra prometida establecieron contacto con todos los pueblos que se les interpusieron o sencillamente que cruzaron en su camino. Si bien los israelitas no tenían porque conocer la existencia del maná al inicio de los cuarenta largos años que vagaron por el Sinaí, cuesta mucho trabajo creer que no descubriesen que “el pan caído del cielo” como regalo exclusivo para ellos, lo era también para el resto de moradores del desierto, y que estaba al alcance de cualquiera, no sólo para el pueblo elegido de Dios. Hubiese sido razón más que suficiente para justificar una revuelta ante el descrédito de Moisés, quedando todo en un gran engaño. No sobra tampoco comentar que, no se hace referencia a la recogida del maná directamente de los arbustos, ni tan siquiera de las proximidades “…Entonces Yahvé le dijo a Moisés: -Voy a hacer que les llueva comida del cielo… …Después que el rocío se hubo evaporado, algo muy fino, parecido a la escarcha, quedó sobre la superficie del desierto…”.
Y llegamos a la última de las cuestiones. En mi opinión la más peliaguda de todas y la que más debería hacer replantearse la hipótesis de los tamariscos como único eje esclarecedor argumental para dar carpetazo a la existencia del maná en el relato bíblico del Éxodo. Y para tratar de aclararlo no nos queda más remedio que recurrir al propio relato de los protagonistas. Leamos pues:
ÉXODO 12
37 … Los israelitas partieron de Ramsés hacia Sukkot, unos 600.000 hombres de a pie, sin contar los niños.
38 … Salió también con ellos una muchedumbre abigarrada y grandes rebaños de ovejas y vacas.
39 … De la masa que habían sacado de Egipto cocieron tortas ázimas, porque no había fermentado todavía; pues al ser echados de Egipto no pudieron tomar víveres ni provisiones para el camino.
40 … Los israelitas estuvieron en Egipto 430 años.
Queda más que claro que, en su huida precipitada, los israelitas salen de Egipto casi prácticamente con lo puesto, dejando atrás toda clase de víveres, pero no así el ganado, y con la esperanza de que Yahvé les proveería durante su marcha. Sólo contando con los adultos su número ascendería a la nada despreciable cifra de 600.000 almas (quizá otros tantos niños), todo un ejército que alimentar para tan poca previsión logística. Y tanto es así que, según el primer versículo del Capítulo 16 del Éxodo: “…toda la comunidad israelita salió de Elim y llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí. Era el día quince del mes segundo después de su salida de Egipto…”, es decir, a los 45 días de su salida de la tierra de los faraones es cuando se produce el incidente en el que los seguidores de Moisés cansados y hambrientos se arrepienten de su marcha. La crisis es zanjada en primer lugar con la presencia de numerosas codornices y seguidamente por la aparición del maná. Nada se dice sobre la utilización del ganado sacado de Egipto para poder comer.
Seiscientas mil bocas de adultos que alimentar requieren de una gran cantidad de “pan llovido del cielo”, que recordemos, durante varios años hasta las luchas contra otros pueblos y los botines de guerra obtenidos de estos enfrentamientos cono nos relata la Biblia, fueron su único sustento diario.

A la izquierda podemos ver la primera fotografía realizada del maná. Fue obtenida en el año 1.927 por F.S. Bodenheimer durante una expedición a la busqueda de respuestas sobre los enigmas del éxodo israeli. Ya se conocían las propiedades de la "tamarix mannifera" casi quinientos años antes, como así parece atestiguarlo un escrito del año 1.483 del decano de Maguncia Breitenbach, en el que describe su peregrinaje por el Sinaí y hace comentarios sobre la existencia "del pan bajado del cielo" que conservaban y vendían los monjes y los árabes a quienes se adentraban por aquellas inhóspitas tierras. A la derecha aparece una fotografía más reciente en la que se aprecia la secrección del arbusto.
Los tamariscos son arbustos poseedores de gran cantidad de ramas que en algunos casos, aunque no sea muy común, pueden superar los ocho metros de altura. La secreción que se produce por la presencia de cochinillas aparece en forma de pequeñas bolitas del tamaño de una lenteja. Suponiendo que la media de producción diaria fuese nada más y nada menos que de 100 kilogramos o litros de maná por cada tamarisco, fue necesario recolectar cada mañana para los 600.000 adultos “ dos gomer por persona” y uno para los menores que en una cantidad similar les acompañarían. Si un “gomer” equivale aproximadamente a 3,5 Kg. obtendríamos un total aproximado de 1.800.000 “gomer”, o lo que es lo mismo, 6.300.000 Kg. de maná. Y no olvidemos que los viernes esta suma ascendería justo al doble, 12.600.000 Kg. Para ello serían necesarios 63.000 tamariscos en el mismo emplazamiento geográfico cada mañana y 126.000 los viernes, lo que nos depararía un paisaje más parecido a un frondoso bosque o selva que a un desierto. No deberíamos olvidar tampoco en ningún caso que, el almacenaje del maná estaba prohibido, teniéndose que recoger sólo aquel que cubriese las necesidades diarias. Pero lo más peculiar del caso es que, no existen bosques de tamariscos ni en número de arbustos, ni en número de emplazamientos que justifiquen estas cifras en toda la Península del Sinaí. Solo al norte, junto a orillas del Mediterráneo podrían encontrarse zonas ligeramente más ricas en vegetación, las mismas a las que renunciaron en su huida para evitar inicialmente enfrentamientos con sus moradores, adentrándose en áreas desérticas y áridas montañas prácticamente yermas, con la excepción de algunos oasis muy alejados entre si.
Todas estas dudas y otras muchas más, como la de creer que ninguno de los cientos de miles de israelitas conociese la existencia natural del “pan bajado del cielo” como un producto natural de los tamariscos del desierto en la Península del Sinaí, paso obligado entre África y Asia para cientos de caravanas de comerciantes a lo largo de los siglos, me hacen pensar que tal vez, no fuera este producto de la naturaleza al que se refieren las Sagradas Escrituras, el mismo que Moisés y sus acompañantes a lo largo de cuarenta años recogieron cada mañana en su espera de entrar en la Tierra Prometida.
¿Qué pudo ser entonces esta pegajosa sustancia? ¿Toda la narración del Éxodo no es más que una gran metáfora a mitad de camino entre la filosofía y el fervor religioso? Para los más atrevidos habría que buscar tal vez otros orígenes a la aparición del maná, una vez que la hipótesis del “pan bajado del cielo” producto de los tamariscos no termina de resolver la incógnita.
¿Qué era esa “columna de nube por el día y columna de fuego por la noche” que acompañó a los judíos durante toda su estancia en el Sinaí y en la que les acompañaba Yahvé? ¿Era acaso el centro de mando y control aéreo de Yahvé, y base de toda la operativa destinada a conducir a su pueblo hacia la Tierra Prometida? ¿Se pudo fabricar sintéticamente un producto alimentario enriquecido con toda clase de aportaciones vitamínicas, y similar en textura y sabor al natural de los tamariscos, para ser arrojado cada mañana desde el aire? ¿Algún tipo de alga sintetizado por la humedad del rocío de la mañana?
En definitiva, ¿fue esta columna una nave aérea tecnológicamente igual o superior a las actuales del siglo XXI? ¿Es acaso como muchos investigadores han creído ver la descripción del aterrizaje de una gran nave lo que podemos leer a continuación?
ÉXODO 19
16 … Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar.
17 … Entonces Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y se detuvieron al pie del monte.
18 … Todo el monte Sinaí humeaba, porque Yahvé había descendido sobre él en el fuego. Subía el humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia.
19 … El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno.
20 … Yahvé bajó al monte Sinaí, a la cumbre del monte; llamó Yahvé a Moisés a la cima de la montaña y Moisés subió.
21 … Dijo Yahvé a Moisés: "Baja y conjura al pueblo que no traspase las lindes para ver a Yahvé, porque morirían muchos de ellos;
22 … aun los sacerdotes que se acercan a Yahvé deben santificarse para que Yahvé no irrumpa contra ellos."
23 … Moisés respondió a Yahvé: "El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos lo has prohibido, diciendo: Señala un límite alrededor del monte y decláralo sagrado."
24 … Yahvé le dijo: "Anda, baja, y luego subes tú y Aarón contigo; pero los sacerdotes y el pueblo no traspasarán las lindes para subir hacia Yahvé a fin de que no irrumpa contra ellos."

Portada del libro de Erich von Däniken donde aparece el diseño de la hipotética máquina productora del maná que transportaba el Arca de la Alianza. Su diseño fue realizado por los naturistas británicos George Sassoon y Rodney Dale, con arreglo al Zohar (el principal libro de los estudiosos de la Cábala, una recopilación de tratados que analiza los textos bíblicos para extraer de ellos su significado oculto).
No han faltado también quienes han creído ver la producción del “milagroso” maná íntimamente relacionado con la existencia del Arca de la Alianza, uno de los objetos más misteriosos e intrigantes que aparecen en la Biblia, y al cual en un futuro dedicaremos un artículo en paleoastronautica.com. Ésta contendría alojada en su interior según siempre dicha hipótesis, una máquina capaz de elaborar el maná a partir del rocío de la mañana y la utilización de algas microscópicas del tipo “chlorella”, siendo alimentada por la energía nada más y nada menos de un pequeño reactor nuclear.
Fuera lo que fuera el maná bíblico, no queda absolutamente nada claro su presencia con la explicación de su producción en exclusiva por parte de los tamariscos del Sinaí (tamarix mannifera), si bien de forma aislada y en pequeño número bien podría alimentar a un grupo de personas durante algún tiempo, pero jamás a mi juicio a cerca de un millón de personas a lo largo de cuarenta años. Creo una vez más, que las respuestas se concentran en tres únicas posibilidades o vías:
a) Efectivamente Dios proporcionó el sustento diario a los israelitas tal y como nos narra la Biblia. No es cuestión de evidencias o pruebas, es cuestión de fe.
b) No existen pruebas científicas que puedan demostrar el éxodo del pueblo de Israel, y por tanto todo el relato no es más que el producto de una fantasía, es decir, un mito o una leyenda más.
c) El relato bíblico es cierto, y solo se puede entender desde una perspectiva histórica y tecnológica actual. La presencia del maná así como otros incomprensibles hechos que se suceden en el relato bíblico, fueron producto de individuos con una gran capacidad técnica, que de forma intencionada condicionaron a un largo periplo por el desierto del Sinaí al pueblo de Israel.
Sea ahora cada uno de ustedes quienes extraigan sus propias conclusiones.
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