Aquel 21 de Julio de 1.969 la misión Apolo XI concluyó con un completo éxito. Un viejo sueño de la humanidad se había cumplido, alcanzar la Luna. Saltaron en mil pedazos los numerosos mitos y leyendas que a lo largo de los siglos se habían formado alrededor de la compañera de viaje de nuestro viejo planeta a través del universo. Se dio al traste con la idea de un mundo idílico que muchos habían soñado e imaginado, cómo sería la superficie de Selene. Temperaturas de 150 grados centígrados bajo cero, la ausencia de atmósfera y un paisaje árido y desprovisto de cualquier señal de vida, nos revelaba un mundo muy diferente al nuestro.
En el momento más cercano a nosotros, la Luna se encuentra a 360.000 Km. y en el más lejano alcanza la distancia de 409.000 Km. A pesar de tan enorme distancia física, la Luna siempre ha estado muy cerca de todas las culturas que han poblado nuestro planeta, relacionándola y asociándola siempre con sus dioses, la magia y la astrología. En definitiva, desde que el hombre tiene consciencia de su existencia ha unido su destino con el de la Luna.

En Julio de 1965, la sonda rusa ZOND 3, obtuvo una fotografia en la que se aprecia una imagen que tiene todo el aspecto de ser una cúpula semitransparente, la explicación oficial habla de una simple tormenta de polvo lunar.
Cuando observamos las fotografías realizadas por las primeras sondas lunares enviadas en los comienzos de la carrera espacial, entre ellas las fotografias del LUNAR ORBITER 3 (1966), hay una en la que se ve lo que podría ser una especie de construcción de dos kilómetros de altura, sumamente erosionada, a la que se denomina "SHARD", y a cuyo lado se encuentra un enorme cubo brillante flotando a unos once kilómetros de la superficie lunar.

En ésta fotografía del Apolo 16, se puede ver otra especie de torre, que gracias a la sombra se puede apreciar que tiene una altitud considerable.
En la actualidad, ya en pleno siglo XXI, todo o casi todo parece saberse sobre la vieja Selene. Y digo casi, porque de vez en cuando nos llegan noticias aisladas sobre nuevos descubrimientos realizados por las diferentes sondas espaciales que orbitan sobre ella y que mantienen vivas toda clase de especulaciones sobre la posibilidad, en un futuro no muy lejano, de instalar colonias humanas sobre su superficie. Pero lo único verdaderamente cierto es que, después de la última misión Apolo XVII, el hombre no ha vuelto a la Luna, y a pesar de ello, como decía anteriormente, nos aseguran no pocas veces con arrogancia desde las distintas agencias espaciales que muy pocas sorpresas nos puede dar ya la Luna, pues si exceptuamos su colonización, todo está escrito sobre ella.
Sin embargo todavía hoy se sigue discutiendo sobre el incierto origen de su existencia. Mientras que algunos científicos ligan su procedencia a una escisión de la propia Tierra, otros por el contrario la identifican inicialmente como un cuerpo independiente en el Sistema Solar, asimismo no se ponen de acuerdo sobre la explicación de ciertos fenómenos observados sobre su superficie desde hace muchos años. El 12 de Agosto de 1.844 una mancha redonda muy brillante fue observada en el cráter Platón, próximo al Polo Norte lunar, con unos 100 kilómetros de diámetro y con paredes de un kilómetro de altitud. Del mismo modo el 16 de Septiembre de 1.853 un fulgor amarillo anaranjado apareció durante unos instantes. El 13 de Mayo de 1.870 veintiocho puntos luminosos se pudieron apreciar sobre Platón. Un año más tarde y desde observatorios de todo el mundo, se registraron la nada despreciable cifra de 1.600 nuevos fenómenos luminosos. El astrónomo francés Dr. Klein en 1.877 aseguró haber visto un triángulo luminoso. Tal vez el mismo triángulo que el 23 de Noviembre del mismo año que, junto numerosos puntos de luz provenientes de distintos cráteres lunares se dirigieron en procesión hacia el cráter Platón. De igual forma sobre el cráter de Aristarco, el más brillante de todos, junto al Océano de las Tempestades y con un diámetro inferior al de Platón, 45 kilómetros, ha sido también protagonista en numerosas ocasiones de insólitos fenómenos. El 10 de Junio de 1.866 fue observada una “especie de estrella”. Un año después, exactamente un 7 de Mayo, se localizó una “luz semejante a la de un faro”, repitiéndose su aparición los días 14, 16, 25 y 27 de Diciembre de aquel mismo año 1.877, como así quedó registrado en diferentes observatorios. Ya en 1.879 la prestigiosa Real Sociedad Astronómica Británica cursó una insólita circular entre sus miembros y allegados solicitando el envío de todos aquellos informes que diesen cuenta de observaciones extrañas sobre la superficie de la Luna. Tal fue la respuesta que su sede central en Londres se vio por completo desbordada, teniendo que cancelar el proyecto a los dos años. Nada más y nada menos que ¡¡dos millones!! de informes inundaron sus archivos.



Del extenso catálogo de imágenes de la NASA, hay algunas de ellas el las que se aprecian extrañas formaciones. Arriba, la primera a la izquierda, parece una costrucción con formas perfectamente regulares. A la derecha podemos ver otra instantánea de la que muchos creen podrían ser las ruinas de una vieja ciudad selenita. Más abajo y remarcado en un cuadrado rojo, otra de las impresionates torres que sobresalen de la superfície lunar. Por último, ya abajo del todo, una sorprendente formación circular, y en su centro un orifício aparentemente triangular.
Estos son solamente los ejemplos de dos conocidos cráteres lunares, Platón y Aristarco, sobre algunas de las observaciones realizadas en el siglo XIX, época en la cual no podía haber “intoxicaciones” sobre OVNIS o marcianitos verdes. Estos fenómenos de luces y destellos son conocidos con el nombre de LTPs “Lunar Transient Phenomena” (Fenómenos Transitorios Lunares), y hoy en día se siguen produciendo y son observados por cientos de astrónomos aficionados y profesionales en todo el mundo. Y no son solamente puntos brillantes o de luz, del mismo modo se pueden apreciar la repentina aparición de franjas de color, desplazamientos de sombras tanto a gran velocidad como mucho más pausadas, asociadas también a fenómenos luminosos como los anteriormente expuestos. No menos sorprendentes son la aparición y desaparición de montículos y accidentes geográficos constatados y registrados en observaciones anteriores, y que astrónomos de reputado nombre han plasmado en sus cuadernos de trabajo, y que por supuesto, están al alcance de cualquier persona que quiera “molestarse” en investigar objetivamente.
Si bien es cierto que muchos de estos fenómenos se podrían explicar satisfactoriamente, otros escapan a cualquier lógica. Entre las explicaciones lógicas cabría destacar la posibilidad de erupciones volcánicas, movimientos sísmicos, luminiscencias producto del viento solar, descargas eléctricas por la fricción de partículas, reflexiones de la luz del Sol en un ángulo obtuso o sobre nubes de polvo lunar, e incluso la presencia de estrellas errantes en la alta atmósfera terrestre que en el momento de la observación nos hagan pensar que suceden sobre la superficie lunar. También se argumenta como hipótesis, la aparición de pájaros, meteoritos o aviones, en todas aquellas observaciones donde objetos desconocidos atraviesan la superficie de la Luna. Y si bien podría explicar algunas observaciones de objetos a gran velocidad, existe otro tipo donde el objeto se desplaza muy lentamente variando de dirección en repetidas ocasiones, por lo que tal hipótesis escaparía a este tipo de razonamiento, del mismo modo que el desplazamiento de gigantescos objetos capaces de proyectar su sombra sobre la superficie lunar avistados desde el pasado siglo XIX hasta nuestros días.
Otra de las posibles construcciones lunares.
En cualquier caso, la polémica se reinició con la llegada del hombre a la Luna en la misión del Apolo XI. Si bien oficialmente desmentida, son muchos los testigos que aseguran la veracidad de las conversaciones grabadas entre los integrantes del Apolo XI y el Centro de Control de Vuelo de Houston y que podemos leer a continuación:
Apolo 11: ¡Oh, Dios, nadie se lo va a creer!
Houston: ¿Qué es, diablos, qué es? ¡Es lo único que quiero saber!
Apolo 11: Estas pequeñas cosas son gigantescas, son enormes... No, no, lo de ahora era una desfiguración óptica del terreno. ¡Oh, Dios, nadie lo va a creer!
Houston: ¿Qué... qué... qué diablos está ocurriendo allí? ¿Qué os pasa, chicos?
Apolo 11: Están allí, bajo la superficie.
Houston: ¿Qué hay allí? (Interferencias) Control llamando a Apolo 11.
Apolo 11: Roger, estamos aquí los tres, pero vimos unos visitantes. Estuvieron aquí un rato, observando los instrumentos.
Houston: Orden de control; ¡Repetid el último informe!
Apolo 11: Digo que había otras astronaves. Están alineadas en el otro borde del cráter.
Houston: ¡Repetid, repetid!
Apolo11: Dejadnos sondear esta órbita y a casa... En 625 al 5... Relé automático conectado... Mis manos tiemblan tanto que no puedo hacer nada. ¿Filmar? Cielos, sí, esas malditas cámaras han filmado.
Houston: ¿Habéis captado algo?
Apolo 11: No tenía ninguna película a mano (interferencias), tres disparos de los platillos o de lo que fuera pueden haber estropeado la película.
Houston: Control de mando, aquí, control de mando. ¿Estáis ya en camino? ¿Qué hay con ese jaleo de los ovnis? Cambio…
Apolo 11: Han aterrizado ahí. Están en la Luna y nos observan.
Houston: Los espejos, los espejos. ¿Los habéis colocado?
Apolo 11: Sí los espejos están en su sitio. Pero quien haya fabricado semejantes astronaves puede seguramente venir y quitarlos mañana mismo del suelo. Cambio y fuera.


Para muchos la presencia de cráteres cuadrados obedecería realmente a construcciones artificiales (arriba a la izquierda). La nave NEAR-Shoemaker de la NASA detectó estos cráteres cuadrados en el asteroide 433 Eros (arriba a la derecha). El Cráter Barringer (Arizona – USA) tiene un borde cuadrado, que indica un terreno fisurado alrededor del sitio de impacto (imagen inferior). Como podemos ver, no es nada raro encontrar cráteres cuadrados tanto en la Luna como en otros cuerpos celestes, incluido nuestro planeta Tierra.
Los detractores de esta supuesta filtración captada casualmente por unos radioaficionados según “un ex empleado” de la NASA llamado Otto Binder (para otros un simple dibujante de cómics de ciencia-ficción), alegan que todo no es más que un burdo montaje fácilmente desmontable. Para ello aseguran que términos empleados en la grabación como el de "Mission Control” no eran nunca empleados por los astronautas ni los técnicos en tierra para referirse al centro de control de la misión; decían siempre "Houston" (la ciudad donde se encontraba), que era mucho más corto y fácil de pronunciar. Tampoco nunca los astronautas hubiesen utilizado un termino como “repetid, repetid” para que desde Houston les repitiera alguna frase que no hubiesen entendido, pues la norma común en todas las misiones era la utilización del termino "Say Again" ("Di otra vez"). Pero sobre todo se basan en que todos los protagonistas, tanto los astronautas del Apolo XI como los técnicos de control que dirigían las operaciones desde Houston negaron siempre este suceso.
Si bien sería totalmente injusto acusarles de falsear los hechos, tampoco deberíamos pasar por alto que todos estos mismos protagonistas trabajaron para una agencia espacial bajo un estricto control militar, donde la confidencialidad de todo aquello que acontece entre sus paredes queda totalmente reservada al consumo interno.

A la izquieda podemos ver uno de los cráteres más citados por los seguidores de las anomalías lunares, el cráter triangular Ukert, de unos 23 kilómetros por lado y situado en la zona ecuatorial de la Luna. Esta imagen del cráter es la más conocida, y la que ha servido para poner fuera de toda duda el caracter artificial del mismo. Sin embargo, una imagen tomada a partir de un atlas (imagen del centro) pone muy en duda el caracter artificial del cráter Ukert. Si nos fijamos en la siguiente imagen (a la derecha) ya veremos el cráter con más claridad, no apareciendo la exacta forma de triángulo equilátero que inicialmente muchos han defendido.
El 31 de Marzo de 1.971, Edgar Mitchell junto con Alan Shepard y Stuart Roosa (misión Apolo XIV), regresaban a la Luna, siendo Edgar Mitchell el sexto hombre en pisar el polvoriento suelo lunar. Hasta aquí nada de especial, pero el 25 de Octubre de 1.998 en la publicación inglesa “The People”, el señor Mitchell hacía las siguientes declaraciones:
“…Estoy convencido de que los gobiernos del mundo entero saben que se están produciendo visitas extraterrestres, pero tienen un fundamental motivo para negarlo: miedo…”.
“…En tres o cuatro años creo que se harán públicas las pruebas de la existencia de los extraterrestres. Nada me haría más feliz…”.
¿En que se basó el señor Mitchell para hacer estas declaraciones? ¿Qué tipo de información privilegiada posee? ¿Qué vio Edgar Mitchell durante su misión en el Apolo XIV? Amén de su prestigio, poco beneficio pudo sacar este viejo astronauta con estas declaraciones, si exceptuamos el de tener limpia su conciencia. Ya en 1.978 el astronauta americano L. Gordon Cooper, dirigió a las Naciones Unidas un escrito para que fuese leído en una sesión especial convocada por la pequeña Isla de Granada, para debatir el fenómeno OVNI a nivel mundial, y en donde entre otras cosas decía:
“…La mayor parte de los astronautas se muestran reticentes a hablar de los OVNIS debido a la inmensa cantidad de personas que han vendido todo tipo de historias inventadas y que han falsificado documentos, poniendo en entredicho su nombre y reputación sin dudarlo un instante…”.
“…Somos muchos quienes creemos en los OVNIS y hemos tenido la oportunidad de ver alguno de ellos desde el avión o posado en la superficie de la tierra…”.

Tripulantes de la misión Apolo XIV. De izquierda a derecha Suart Roosa, Alan Shepard y Edgar Mitchell.

El cosmonauta Vladimir V. Kovalyonok.
¿Fueron solamente astronautas americanos testigos de la presencia OVNI? Sus entonces competidores en la carrera espacial, los cosmonautas soviéticos, tampoco se han quedado atrás a la hora de hacer declaraciones explosivas sobre esta materia. En una rueda de prensa a mediados de los años noventa en la capital de España, Madrid, el cosmonauta Vladimir Soloviec reconoció públicamente que creía en la existencia de los OVNIS y que estos llevaban visitando a la humanidad desde tiempos remotos. En Marzo de 1.994 su colega Oleg Atkov declaraba al diario español “La Vanguardia” que, “…con frecuencia, tenía la sensación de que alguien me estaba mirando por detrás…”, en referencia a su viaje en la Soyuz-7, asegurando posteriormente que no tenía duda alguna en que había “alguien” ahí afuera. El general Vladimir V. Kovalyonok, integrante entre otras misiones de la la Soyuz-6, hizo otras interesantes declaraciones en 1.985, afirmando haber observado un objeto sobre la vertical de África del Sur, con forma de cigarro puro, volando en línea recta junto a su nave, y que posteriormente se dividió en dos esferas luminosas.
Muchas casualidades y circunstancias extrañas para no empezar a sospechar, que allí en la Luna, hay algo que escapa a nuestro conocimiento y control. Y es que son ya muchas las veces que nos hemos preguntado, ¿por qué no hemos vuelto a la Luna?
En 1.972 sucedió una de estas circunstancias extrañas a las que hacíamos referencia. En la antigua Estación de Seguimiento Espacial de Fresnedillas (Madrid), hoy en día sustituida por la más moderna de Robledo de Chavela, también en Madrid, el entonces director D. Luis Ruiz de Gopegui, posteriormente máximo responsable de la NASA/INTA en España, invitó con urgencia a desalojar la sala habilitada para los periodistas que seguían la transmisión en directo entre los miembros de la misión Apolo XVI y Houston. De una forma amable pero muy directa, todos los invitados fueron abandonando la sala un tanto desconcertados. Posteriormente se emitió un comunicado donde se justificaba la precipitada “expulsión” de los asistentes. La razón no era otra que “fue debida por respeto a la intimidad de una simple colitis de uno de los astronautas”.

Imagen extraida de la web del Naval Research Laboratory desde donde se controla al satélite Clementine, donde aparece justo en el centro, una inconfundible forma rectangular que recuerda a un inmenso edifício o nave.
Entre los invitados se encontraba José Antonio Silva, periodista y piloto civil, que junto al resto de otros compañeros de medios informativos destacados en la estación de la NASA en Madrid aseguraron rotundamente que el desalojo se produjo instantes después del segundo paseo del astronauta J.W.Young, que muy nervioso y excitado habla con Houston y dice:
Apolo 16: ¡Están ahí!
Houston: ¿Puedes verles?
Apolo 16: Si, no hay duda, igual que ayer
¿Están ahí? ¿Se refería a los rollos de papel higiénico por la colitis de algún astronauta? Seguro que no. Señala José Antonio Silva que fue justo en ese momento cuando cordial pero enérgicamente son obligados a abandonar la sala. Curiosamente (otra curiosidad más), 24 horas antes de lo previsto inicialmente la misión Apolo XVI quedó suspendida y regresó anticipadamente a la Tierra. Curiosamente también ¿cómo no?, las primeras fotos que se recibieron en la Tierra procedentes del Apolo XVI, fueron “perdidas” por la NASA, alegando que por error la cámara había enfocado al Sol y el mecanismo óptico del aparato había resultado dañado.
Como podemos ver, la Luna sigue siendo un pozo inacabable de sorpresas, y por saber…, lo que realmente decimos saber, sabemos muy poco de ella, a pesar de todo lo que nos cuentan nuestros amigos de la NASA. Ya lo dijo una vez el novelista francés Remy de Gourmont; “…Saber lo que todo el mundo conoce es como no saber nada. El saber comienza allí donde el mundo comienza a ignorar…”.

Fotografia de un periódico ruso (Komsomolskaya Pravda) que asegura existen vestigios humanos en la Luna y que EEUU oculta la verdad. Del mismo modo hace referencia a que los eruditos no pueden explicar esta franja ancha en la Luna (en la parte superior del cráter), que se parece a una pista de despegue y alunizaje.
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