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Existen numerosas referencias llegadas desde la antigüedad hasta nuestros días sobre distintas civilizaciones desaparecidas por cataclismos naturales o castigos divinos. De entre todas ellas, la que quizá más destaque sea la que hace referencia a la Atlántida, una enorme isla continente que el filósofo griego Platón dio a conocer en sus diálogos Timeo y Critias. Otros textos de la antigüedad como el códex maya conservado en el British Museum y conocido con el nombre de manuscrito Troano, relata una catástrofe sufrida por toda una civilización que desapareció de la noche a la mañana con sus sesenta y cuatro millones de habitantes:
"......después de haber sido levantado dos veces, el país de Mu fue engullido durante una noche, después de haber sido minado por debajo de manera ininterrumpida por volcanes subterráneos. El continente subió y bajó varias veces. Por último, el globo cedió y diez naciones quedaron arrasadas y aniquiladas......"

Platón, filósofo griego (Atenas 428-347 a. C.) Discípulo de Socrates y maestro de Aristóteles, fundó en Atenas una escuela de filosofía llamada Academia (387 a,C.). Entre sus obras más importantes destacan La República, Cármides, Protágoras, Fedón, Fedro, El Banquete, Gorgias, Parménides, Teetetes, el Sofista, el Político, el Timeo y Critias.
Otros textos como las "Tablillas Naacal", descubiertas en la India y otras más en México y el Tibet hacen referencia al mismo tipo de catástrofe sufrida por los habitantes de Mu. Muchos de estos mitos y leyendas se entremezclan con el "Diluvio Universal" de la tradición judeocristiana, donde personajes como Noé se confunden con varios héroes de otras culturas como podrían ser el Decaulión griego, Baisbasbata el superviviente de los vedas de la India, Yima en Irán, Utnapishtim en Babilonia, Ziusudra en Mesopotamia o los del otro lado del Océano Atlántico, Coxcox, Tezpi, Tamandere, Bochica, etc... . Todos, absolutamente todos, supervivientes de grandes cataclismos sucedidos en tiempos remotos.
Del mismo modo, la aparición en diferentes partes del mundo de gigantescos cementerios de animales prehistóricos con señales de haber sufrido una muerte repentina e inmediata por avalanchas de tierra y lodo, junto con el descubrimiento de esqueletos de ballenas y otros animales marinos en macizos montañosos del Himalaya y América del Norte, han hecho sospechar a diferentes expertos en geología y arqueología que en un pasado lejano la Tierra fue víctima de fuertes convulsiones geológicas que hicieron cambiar radicalmente su geografía.
¿Todos estos relatos de la antigüedad dan crédito a lo escrito por Platón cuando hace referencia a la existencia de la Atlántida?

Una gran ciudad formada por varios anillos concéntricos constituía la capital de la Atlántida. En el centro de la ciudad se erigía el Templo a Poseidón. Cada cinco años los diez reyes de la Atlántida se reunían en la capital para hablar de los problemas del imperio.
LA ATLANTIDA, EL COMIENZO DE UN MITO
En un texto que en la actualidad no sobrepasaría las 20 hojas y que se interrumpe justo en el momento en que se va a relatar lo sucedido a los habitantes de la Atlántida, Platón ha logrado impulsar uno de los mitos más arraigados en la memoria de la humanidad, disparando desde entonces todo tipo de especulaciones, fantasías e increíbles teorías sobre su ubicación, historia, desarrollo técnico y místico.
Según el filósofo griego, la Atlántida era una gigantesca isla continente situada en el centro del Océano Atlántico, situada más allá de las Columnas de Hércules, que es como conocían los griegos al estrecho de Gibraltar y poseedora de todas las virtudes que se puedan desear a cualquier nivel; material, climatológico, espiritual, técnico, científico, etc. En definitiva, un gran imperio rico, culto y poderoso, una especie de intento de materializar físicamente un enclave geográfico donde una vez el hombre vivió una "edad de oro". Los atlántes rendían culto a Poseidón, curiosamente uno de los dioses del panteón griego. Su organización política y social tampoco difería mucho de la establecida en Grecia. Diez dinastías reales gobernaban el conjunto de estados en los que se dividía la Atlántida, con una capital central que ejercía como centro neurálgico de toda la actividad cultural y política del imperio. Pero como si de un cuento de hadas se tratase, esta inigualable civilización cayó en los excesos terrenales dejando de lado las leyes de los dioses, sus normas y convicciones morales, por culpa de "hombres más degenerados de otras latitudes", dato este que tenemos que tener muy en cuenta en un posterior análisis. Concluye Platón diciendo que la ira de los dioses hizo desaparecer de la faz de la Tierra hacia el año 9.560 a. C. todo vestigio de lo que una vez fue el más importante centro de civilización de la antigüedad.
Realidad, mito o un simple cuento con una fuerte moraleja final, este relato de Platón ha constituido para muchos estudiosos la prueba más irrefutable de la existencia de una civilización madre que dotó posteriormente de las infraestructuras y conocimientos necesarios a civilizaciones como la egipcia, la maya o la sumeria. Principalmente por una sencilla razón, la imposibilidad material en el tiempo de que estas culturas desarrollasen de la forma que lo hicieron todas sus estructuras sociales, religiosas y técnicas.
Mucha gente parece olvidar que el relato de Platón no es más que una historia que de joven, como el mismo advierte, escuchó narrar a Solón, quien, por su parte, la tomó originalmente durante un viaje de Sais a Egipto. Por tanto, ¿cómo se ha podido dar tanto crédito a una narración de al menos tercera o cuarta mano?.

Mapa de los continentes según Platón.
EGIPTO Y LA ATLANTIDA
Como decíamos anteriormente, la necesidad de explicar los numerosos anacronismos históricos detectados en algunas civilizaciones, ha llevado a numerosos investigadores a buscar respuestas capaces de dar algo de luz a muchas de las explicaciones oficiales sobre los orígenes de estas primeras culturas avanzadas de la humanidad. Una de ellas, la civilización egipcia, permanece como uno de los ejemplos más claros. La antigüedad de algunos de los principales monumentos del Imperio Antiguo como la Esfinge o las propias pirámides de Giza, cuestionados recientemente con pruebas geológicas e incluso astronómicas, retroceden sus orígenes varios miles de años atrás a los cifrados oficialmente. Basta informarse sobre los últimos trabajos realizados por el Dr. Robert Schoch y el Dr. Thomas Dobecki o los investigadores John Antony West, Robert Bauval, Graham Hancock o Colin Wilson, para darse cuenta que ha llegado el momento de cuestionarse de una vez por todas la cronología histórica que sobre Egipto se ha establecido. Y es que el florecimiento repentino de esta civilización en torno al año 3.300 - 3.000 a. C., solo pudo ser debida a la intervención exterior de una cultura superior, pero ¿cuál pudo ser esta sino existen vestigios de ninguna otra civilización en aquellos tiempos?. La solución no podía ser otra, una civilización desaparecida bajo las aguas del mar, y que en un último instante dejo su impronta y sus conocimientos por medio de algunos supervivientes en el Valle del Nilo.
La Atlántida es el comodín perfecto en el que muchos investigadores se ha refugiado para dar explicación a muchos de los interrogantes que plantean los orígenes de la civilización egipcia, seguidos por una estela de seguidores de distintas corrientes esotéricas y de la nueva era, junto con algún que otro místico y visionario como el famoso vidente americano Edgar Cayce, quien profetizó a comienzos del siglo pasado que, en el año 1.998 sería descubierta una cámara secreta delante de la esfinge, donde se encontrarían depositados los archivos de los atlantes, para salvaguardar todos los conocimientos de la Atlántida en un futuro. Aunque resulte increíble, las profecías de Edgar Cayce que relacionan el origen de la civilización egipcia con la desaparecida Atlántida han calado profundamente en toda una legión de seguidores, y lo que resulta aún más increíble es que estas mismas profecías diesen lugar a la fundación de una organización, el ARE, que ha sido y continua siendo en la actualidad, uno de los grupos más activos y que más millones de dólares ha dedicado a la investigación arqueológica del antiguo Egipto.
Entre la ortodoxia de la arqueología oficial y las teorías pro-atlantes de esa civilización primigenia que diese origen a la cultura egipcia, poco parece importar lo que los propios egipcios nos dejaron escrito en numerosos textos sobre sus orígenes, como en el Libro de la Vaca Celeste, donde se asegura que los dioses descendieron desde el cielo, procedentes de algún lugar en las estrellas muy alejado de nuestro planeta.

Esta imagen correspondiente a un friso de piedra de un templo maya en las ruinas de Cobá representa un cataclismo producido por la acción de volcanes y grandes inundaciones. Para muchos no es más que una clara alusión a los hechos descritos por Platón a la hora de describir la destrucción de la Atlántida. Para otros no son más que parte de las leyendas mesoamericanas del Quinto Sol, que aseguran que la humanidad ha sido destruida en varias ocasiones, del mismo modo que nuestro mundo actual también lo será en un futuro.
UNA REALIDAD INCUESTIONABLE
En 1.898 un barco francés que realizaba trabajos del tendido de cables telegráficos entre el nuevo y viejo mundo, enganchó accidentalmente a una profundidad de 3.160 metros una roca de taquilita. La particularidad principal de este mineral formado por lava vítrea es que solo se puedo formar por encima del nivel del mar. Sin duda alguna su formación fue debida a la expulsión de lava por un volcán en una época en el que aquel lugar existía tierra firme. Del mismo modo, distintos estudios realizados sobre fondos marinos en el Océano Atlántico han detectado arena costera prehistórica a profundidades superiores a 3.000 metros, un hecho inaudito si tenemos en cuenta que esta arena solo pudo ser formada por la acción erosiva que se produce sobre la superficie.
A nadie sorprende en la actualidad la aparición y desaparición súbitamente de grandes porciones de terreno sobre el mar, al igual que catástrofes capaces de destruir ciudades enteras como la sucedida por la erupción del Krakatoa en el año 1.883, que desencadenó numerosos movimientos sísmicos y olas gigantes (tsunamis) de más de 40 metros de altura, que terminaron con la vida de docenas de miles de personas y la desaparición de 300 pueblos y aldeas.
Los movimientos de las placas continentales, así como el de otras placas de ámbito más local ha provocado situaciones tan curiosas como la sucedida entre los años 1.822 y 1.853, tras suceder tres importantes terremotos en la costa de Chile que consiguieron elevar su altura en 9 metros. No menos sorprendente fue la desaparición a mediados del siglo XIX de la Isla Tuanaki en el Archipiélago de las Cook, donde en escasas horas se hundió con sus 13.000 habitantes, ante la atónita mirada de algunos de sus pescadores que regresaban a puerto después de una jornada faenando en el mar.
Estos fenómenos naturales no explican por sí solos la desaparición de todo un continente del tamaño de "Libia y Asia Menor juntas", según palabras del filósofo griego Platón. Si en algo coinciden todos los geólogos y expertos en movimientos sísmicos es que, no existen las suficientes señales materiales que indiquen una catástrofe de semejante magnitud, aunque no se descartan fenómenos mucho más reducidos tanto en su extensión geográfica como en su intensidad, como pudo ser el caso del conocido "diluvio universal" del que si se han detectado numerosas evidencias. Esta evidencia que desestima la existencia de la Atlántida como un gran continente, está apoyada por la misma falta de unidad de criterio de quienes defienden la desaparición de esta civilización hace casi 12.000 años. Y es que no terminan de ponerse de acuerdo a la hora de localizar donde se emplazó la mítica Atlántida, a pesar de que Platón fue muy claro al situarla al otro lado de las Columnas de Hércules, en medio del Océano Atlántico.

Cabeza olmeca con claros rasgos faciales negroides. ¿Qué hacia un pueblo de origen africano en América?
¿DONDE ESTA LA ATLANTIDA?
Desde la Isla Bimini en las Bahamas, donde en los años setenta se creyó encontrar murallas y ruinas sumergidas, pasando por las Islas Canarias y Azores, el Sáhara, Irlanda, Brasil, la India, España y hasta las mismísimas Suecia o Alemania, docenas por no decir cientos de lugares han sido propuestos como la cuna y el verdadero lugar de origen del mítico pueblo atlante del que Platón tan sólo, y recordemos una vez más, habló de oídas. La localización de la Atlántida se ha convertido en una obsesión para muchos, en cierta forma una búsqueda del Santo Grial, una idealización de forma de vida y una filosofía más etérea que física.
Si es cierto que la Atlántida fue toda una potencia mundial y que su influencia de dejó notar en todos los rincones del planeta, es de extrañar que no hayan quedado los suficientes vestigios en todo el mundo que nos ayudasen a localizar su exacta ubicación. La influencia de Grecia o de Roma se hizo notar en cada uno de los rincones de sus vastos imperios, y aún en nuestros días se sigue percibiendo, ¿por qué no la de la Atlántida?. Si retomamos una de las causas del fin de la civilización atlante, la influencia de "hombres más degenerados de otras latitudes", tenemos que suponer la existencia de otras civilizaciones satélites de la atlante, a la que tuvieron por modelo de progreso y bienestar, y de las que hubiesen dejado registros que perpetuasen tanto su propia existencia como la de la Atlántida, o bien colonias atlantes repartidas por todo el mundo. Sin embargo nuestros únicos registros nos conducen a la primera civilización humana en Sumeria, en torno al año 3.760 a. C. y al igual que la egipcia, en ningún momento nos habla de sus orígenes atlantes sino de sus orígenes cósmicos, de sus dioses llegados de las estrellas. Su situación geográfica muy alejada de lo que hubiera sido el punto de huída de supervivientes atlantes que llevasen la civilización a Mesopotamia hace poco creíble el relato del filósofo friego. ¿No hubiera sido más fácil el surgimiento de la primera gran civilización como la sumeria en la costas occidentales de África o Europa? ¿Por qué en puntos tan alejados como los valles del Nilo, el Eufrates y el Tigris o el Indo?.
Catástrofes naturales locales, terremotos, inundaciones y otros cataclismos históricos han conformado en toda la geografía del planeta las "muchas Atlántidas" que se creen haber localizado en la actualidad, eso es cierto y no se puede negar, pero Lemuria, Mu o la Atlántida no son nada más que el eco de hechos puntuales y aislados a lo largo de la historia que ha llevado a la desaparición de pueblos y culturas enteras, mezclados con un fuerte deseo del ser humano desde hace ya siglos de explicar de una vez por todas sus orígenes, una llave que permanece perdida en algún lugar recóndito de nuestra pobre memoria histórica.
Pero,...¿dónde está la Atlántida?, ¿dónde está esa llave que nos abriría el cofre de tantas y tantas preguntas sin respuesta?.

Guerrero barbudo con rasgos semíticos en una estela de una puerta del Templo de Kukulcan en Chichén Itzá, México. De todos es sabido que los pobladores mesoamericanos son imberbes.
LA OTRA ATLANTIDA
La presencia de pueblos negroides en América como los olmecas, de estatuas y relieves con rasgos claramente semíticos, objetos, monedas y otros utensilios por toda la costa Este del continente americano de Norte a Sur, así como la visita mucho antes de la llegada de Colón al nuevo mundo de pueblos como los vikingos, son una evidencia muy a tener en cuenta a la hora de establecer dónde y qué fue la Atlántida.
Pocos son los que hoy dudan que, Cristóbal Colón utilizó mapas que señalaban la presencia de las nuevas tierras que iba a descubrir. De todos es conocido la existencia de mapas de la antigüedad que se remontaban a tiempos de los griegos y que a su vez copiaron de mapas aún más antiguos. Tenemos pruebas como lo son los mapas de Piri Reis, de los que hablamos en otro de los capítulos de Historia Desconocida en Tercera Vía, que nos indican claramente que muchos siglos antes de la llegada de Colón existía una comunicación física entre el viejo y el nuevo mundo. No nos sirve la explicación de naufragios aislados a través de la historia de navegantes fenicios o cartagineses en las costas de América. La exactitud y la presencia de datos tan precisos como la representación de la Antártida sin hielos en estos mapas, son la prueba inequívoca de que en un pasado los viajes entre estos dos mundos existieron y que por alguna razón desconocida se perdieron. Pero eso sería otra historia, una historia de intransigencia e intolerancia, de fuego y de destrucción, como lo fue en su momento la desaparición a manos de bárbaros de la Biblioteca de Alejandría, o de cualquier otro atisbo de nuestra herencia histórica por parte de la intolerancia religiosa o política.
Sin llegar a descartar la existencia de alguna gran isla hundida en medio del Océano Atlántico, la Atlántida no es más que un recuerdo de ese contacto, potenciado por el deseo innato de cada uno de nosotros de la búsqueda de respuestas a nuestros orígenes. Existen muchas Atlántidas, tantas como las innumerables huellas y señales que nos hablan de una historia totalmente desconocida y a la que algunos quieren dar carpetazo. Que siga pues esa búsqueda de la Atlántida, no hay nada de malo en ello, sin duda contribuirá a encontrar pequeños trozos de nuestra historia perdida.
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