GLOZEL

HISTORIA DE UN IMPOSIBLE

Por: Carlos E. Casero

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Glozel es una pequeña aldea perteneciente al municipio de Ferriéres-sur-Sichon, situado en el área conocida como la montaña de Bourbonnaise, distante unos 20 kilómetros de la ciudad de Vichy (Francia), donde el 1 de marzo de 1.924 se produjo un hallazgo que, aún hoy en día, sigue siendo campo de batalla entre quienes defienden la autenticidad de los descubrimientos allí realizados y la arqueología más ortodoxa, que ha tendido desde siempre a despreciarlos o cuanto menos a minimizar su importancia.

Producto de la casualidad, cuando un joven agricultor y su abuelo (Emile y Claude Fradin) trabajaban en sus tierras con un carromato tirado por bueyes, uno de los animales pisó una zona del terreno que cedió al peso, medio hundiéndose en el suelo, y apareciendo ante la sorpresa de los dos campesinos un hueco donde se adivinaban huesos, vasijas y otros objetos. Comunicado éste hecho a las autoridades, y tras un primer análisis del hallazgo, son localizadas otras fosas o cámaras en el mismo área, cuyo  antiguo nombre (campos de Duranthon) las gentes del lugar sustituyen por el nuevo y más morboso de, “campo de los muertos”.

 

La arqueología oficial ha dado la espalda a los descubrimientos de Glozel. Su aceptación significaría para ellos tener que reescribir la historia.

 

Desde este mismo momento surgen distintos personajes que muestran su interés en los descubrimientos realizados  en la aldea de Glozel, como sería el caso del Dr. Albert Morlet, médico facultativo de la próxima ciudad de Vichy y gran aficionado a la arqueología, el cual llegó a un acuerdo con los descubridores y propietarios de los hallazgos, la familia Fradin, para explotarlos comercialmente al serle cedidos todos los derechos sobre la información científica que se publicara en un futuro.

Esta circunstancia desató la ira y los celos de otros tantos personajes de la época, y que también habían mostrado gran interés en los hallazgos localizados en Glozel, sobre todo por afán de protagonismo, que culminan finalmente tras una larga lucha de intereses e intrigas de carácter casi novelesco, con la detención por parte de la policía del joven Emile Fradin en 1.929, acusado de  falsificación y estafa (jamás demostrada, por lo que tuvo que ser absuelto). Mientras tanto y hasta el año 1.941, el Dr. Morlet prosigue con las excavaciones en el “campo de los muertos”, no sin pocas “zancadillas” de sus enemigos, localizando más de 3.000 objetos, entre los que figuraban numerosas tablillas con una extraña escritura que el Dr. Morlet y sus colaboradores cifraron en torno al año 6.000 a. C., teniendo que interrumpir los trabajos por la implantación por parte del gobierno francés de la Ley Carcopino, que prohibía excavar el suelo a particulares, pasando la exclusiva al propio gobierno de Francia.

 

Aunque con ciertas semejanzas a los alfabetos fenicio y griego, siguen sin ser descifradas la totalidad de piezas encontradas en Glozel.

 

La contienda de la II Guerra Mundial, el injusto descrédito de Emile Fradin producto de la confabulación contra su persona y la total indiferencia de la comunidad científica. que no mucho tiempo antes había abrazado los postulados del célebre especialista en epigrafía René Dussaud que aseguraba que la escritura había nacido en Fenicia en torno al año 1.600 a. C., hicieron que Glozel  quedara prácticamente en el olvido, ante la impotencia del Dr. Morlet que fallece en el año 1.966 sin ver valorado su trabajo, ni el tan deseado reconocimiento por parte de la comunidad arqueológica del valor científico del que él consideraba uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de todos los tiempos.

 

Son miles los objeto localizados en las inmediaciones de la aldea de Glozel. Pese a ello se sigue manteniendo por parte de los más eminentes arqueólogos que todo no es más que un fraude organizado a principios del siglo XX.

 

Pero a principio de los años 70, nuevos estudios realizados por distintos laboratorios internacionales con la autorización de Emile Fradin y la colaboración del ingeniero Henri François con técnicas de fechado basadas en el carbono 14 y sistemas de datación por termoluminiscencia, arrojaban una serie de datos muy incómodos para la arqueología ortodoxa, que ya creía muerto y enterrado el “viejo tema de Glozel”. Los objetos encontrados abarcaban diferentes épocas, como si toda el área descubierta hubiera sido en algún momento de la historia un gran museo prehistórico, donde a lo largo de los siglos alguien hubiese ido acumulando todo este material. Las fechas oscilaban entre los 17.000 años de antigüedad para las piezas más viejas a los 2.500 años para las más recientes. Esta circunstancia hizo desconfiar aún más a la comunidad científica, quien entre otras teorías achacaba esta oscilación de fechas, a la elevada radiación natural de esta zona de la montaña de Bourbonnaise, aunque el principal motivo para rechazar la validez del emplazamiento arqueológico de Glozel, fue y siguió siendo, la existencia de tablillas con una escritura que continúa hoy sin poder descifrarse y que tiraría por tierra todo lo que hasta ahora se había ido dando por cierto en cuanto a los orígenes de la escritura.

 

La datación de todas las piezas localizadas varía enormemente. Una de las posibilidades que se han manejado es la alta radioactividad del área geográfica donde fueron localizadas, que habría afectado a las pruebas de carbono 14 realizadas.

 

También se supo que, por estudios realizados por el Centro de Investigación Nuclear de Grenoble,  continuaban existiendo emplazamientos sin excavar en la misma área que los descubiertos por Fradin y Morlet, lo que llevó al estado francés a reconocer la autenticidad del lugar, en contra de lo recomendado por los arqueólogos, quien muy de vez en cuando han realizado con la autorización del gobierno algunas excavaciones de las que no se han publicado resultados.

 

 

 
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