Las primeras referencias de las líneas de Sajama conocidas en occidente aparecen en un estudio realizado por Aimé Félix Tschiffely allá por el año 1.932. La zona está enclavada en el que es hoy el Parque Nacional de Sajama, en la República de Bolivia, dominando un área de varios miles de kilómetros cuadrados del altiplano (aunque no se descarta una mayor superficie) donde podemos encontrar una amplia red de líneas y caminos construidos tras un arduo proceso de técnica extractiva, consistente en despejar de vegetación, rocas oxidadas y guijarros la superficie para dejar expuesto el suelo más ligero de la parte inferior del terreno, normalmente de una tonalidad más clara. Los arqueólogos aún no han podido determinar la fecha aproximada en la que fueron realizados estos geoglifos.

Kilométricas líneas cruzan en todas direcciones atravesando llanuras, cerros y barrancos del altiplano boliviano.
Muchas de estas líneas llegan a alcanzar los 20 kilómetros de longitud, aunque se sospecha que algunas alcanzan distancias aún mucho mayores, pasan normalmente desapercibidas a nivel del suelo, siendo solo perceptibles desde altos cerros, y en muchas ocasiones solo y exclusivamente desde el aire. Algunas de ellas presentan una rectitud increíble, a pesar de la tosca topografía del terreno y a los numerosos obstáculos naturales. Su ancho oscila de uno a tres metros y en muchas ocasiones una serie de líneas irradia o converge sobre un área común, donde según algunos investigadores podrían indicar puntos sagrados para los antiguos moradores de estas tierras. Se da la circunstancia de que algunas de estas líneas se han utilizado posteriormente para realizar caminos modernos que conectan pueblos en la actualidad y que pasan por pequeñas necrópolis conocidas como "chullpas o torres de entierro".

Croquis del plano donde podemos distinguir docenas de líneas o "ceques" surcar en todas direcciones la región de Sajama. Nada se conoce sobre sus orígenes ni los motivos que impulsaron a sus constructores para realizar semejante obra.
Los indígenas denominan a estas líneas o caminos con el nombre de "ceques". Hasta el momento, los investigadores han contabilizado 436 rutas (se cree que la cantidad es mucho mayor) que van en diferentes direcciones, siendo algunos actualmente "recorridos vivos" con gran valor ceremonial y religioso en la zona. Las razones de la construcción original de las líneas siguen siendo un misterio, aunque existen varias hipótesis. De acuerdo con distintas observaciones algunos investigadores afirman que las líneas eran caminos usados para el peregrinaje o un cierto otro propósito religioso, por coincidir en la ruta de muchas de ellas con capillas y otros centros ceremoniosos de la antigüedad. Otras teorías postulan que las líneas tienen significación astronómica, tal como posición del Sol mientras que se levanta o se fija en el solsticio del verano y los equinoccios o la posición de Pléyades cuando primero aparece en el cielo andino. Como podemos ver absolutamente nada distinto a lo que dicen los arqueólogos en otros puntos semejantes, como Nazca en Perú o Atacama en Chile, donde motivos religiosos y las labores agrícolas marcan la razón de su existencia.

Exclusivamente una visión realizada a gran distancia sobre el nivel del suelo permite observar el gigantesco esfuerzo de un pueblo al que consideramos primitivo.
Sean cuales sean los motivos que nos presentan los arqueólogos en otros lugares como en Sajama, lo único cierto es que nadie ha podido desarrollar una hipótesis lo suficientemente razonable para explicar las causas por las que en la antigüedad, un pueblo primitivo y con una escasez de medios manifiesta derivó gran parte de sus recursos en la construcción de estas líneas kilométricas aparentemente sin sentido, y que, una vez más, el objetivo principal de tan laboriosa tarea fue plasmar un mensaje dirigido hacia el firmamento.
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