* (249 d. C.) Dos grandes "esferas flameantes" que giraban una junto a la otra aparecieron sobre la ciudad siria de Palmira. Una de ellas descendió a una velocidad de vértigo sobre la ciudad de modo que la temperatura se elevó súbitamente dañando a muchas palmeras. La otra esfera comenzó a perseguir a la primera entablándose un duelo entre ambas con descargas de relámpagos, hasta que una de las esferas se transformó en una gran nube, cayendo pedazos de objetos que se hundieron en la arena. La otra esfera se elevó poco después hasta desaparecer en lo alto del cielo.

En la página de la izquierda de este libro de Lycosthenes podemos observar una de las apariciones que los testigos describían como "una espada".
* (312 d. C.) El biógrafo de Constantino el Grande nos narra en su Libro I, capítulo XXIII como el propio Constantino fue testigo de la aparición de una "gran cruz" sobre el cielo hacia las horas meridianas del Sol, en la que aparecía una inscripción que decía "con esto conquisto", y que a la vista de aquello tanto él como todos sus acompañantes quedaron absolutamente pasmados.

Las referencias a "carros voladores" en los antiguos textos clásicos chinos son muy abundantes.
* (314 d. C.) En una recopilación de antiguos textos chinos realizada por el profesor Ke Yang, de la Universidad Lanzhou aparecieron numerosas referencias sobre extraños avistamientos en los cielos. En uno de ellos se cuenta como en un día de Enero del año II (314 de nuestra era) bajo el reinado del emperador Jianxing, "varios soles" aparecieron sobre el horizonte, bajando uno de ellos hasta posarse sobre la tierra. En otra ocasión "un sol" se precipitó muy velozmente hacia el suelo, mientras otros "tres soles" cruzaron el cielo de Oeste a Este.
* (384 d. C.) Lycosthenes recoge cómo un objeto en forma de "columna" fue avistado en el cielo durante el reinado de Teodosio el Grande, último emperador del Imperio Romano.

"Globos", "esferas", "soles", son referencias constantes al describir los avistamientos de objetos voladores no identificados en la antigüedad. En este dibujo de un libro francés (-Le Livre des Bonnes Moeurs- de Jacques Legrand) del año 1.338 podemos ver un claro ejemplo.
* (393 - 398 d. C.) De nuevo Lycosthenes nos hace referencia a un nuevo avistamiento en tiempos del emperador Flavio Teodosio, en el que apareció un "globo que brillaba intensamente". Poco después nuevos "globos" se aproximaron al primero hasta fundirse todos en uno solo y brillando tanto como el aparecido inicialmente. Lejos de allí, en la ciudad turca de Antioquía, numerosos testigos presenciaron aterrorizados cómo una "especie de enorme mujer" voló sobre el cielo emitiendo un ruido ensordecedor. En Turquía también y exactamente en la antigua ciudad de Bizancio (Constantinopla), un objeto parecido a "una bola de fuego" acompañado de una "especie de espada" comenzó a arrasar el suelo ante el estupor de numerosos testigos.
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