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“…...Por entonces, y también en épocas posteriores, cuando los hijos de Dios cohabitaron con las hijas de los hombres, y éstas tuvieron hijos, aparecieron en la Tierra los gigantes. Estos son los esforzados varones de los primeros tiempos, los héroes famosos...…”. (Génesis, capítulo 6, versículo 4).
Según nos relata el “Libro de Enoch”, doscientos hijos de Dios, desoyendo su voluntad y traicionando la misión que él les había encomendado, realizaron un juramento por el cual y tal como nos narra el “Libro del Génesis” decidieron unirse con las hijas de los hombres. Los nombres de los jefes de estos “ángeles, mensajeros, vigilantes o enviados”, según el propio Enoch eran: Semyaza, el jefe de todos ellos, Arakib, Aramiel, Kakabiel, Tamiel, Ramiel, Daniel, Ezequiel, Baraquiel, Asael, Aramaros, Batariel, Ananiel, Zaquile, Samsapeel, Satariel, Turiel, Yomayal y Arazeyal.

La aparición de restos oseos de supuestos gigantes a sido citada en numerosas ocasiones por distintos cronistas a lo largo de la historia.
De esa unión con las hijas de los hombres nacieron los gigantes, que llegaron a dominar la Tierra y revelaron a los hombres toda su tecnología. Uno de los rebeldes llamado Azariel, enseñó a los humanos a fabricar espadas y lanzas, y les mostró los metales y el arte de trabajarlos. Otros, cuyos nombres eran Asdariel y Tamiel, se dedicaron a explicar los secretos de la astronomía. Y así, uno tras otro fueron forjando una alianza con los hombres que fue apartándolos cada vez más de la autoridad y los preceptos de Dios, quien se enfureció por esas revelaciones dadas a los hombres, y decidiendo castigar a todos con un “gran diluvio”.
La mitología griega cuenta que los gigantes, hijos de Titán, pusieron cerco a la residencia de Zeus en el Monte Olimpo, pero Zeus logró derrotarlos, haciendo que su dominio no fuera discutido e erigiéndose como el jefe de todos los dioses y de los hombres. Algunos de los nombres de estos gigantes derrotados por el primer dios del panteón griego eran: Porfirión, Clitios, Euritos, Alcioneus, Mimas, Toas, etc.
No falta tampoco la mítica figura de los gigantes en el resto de las leyendas de los pueblos antiguos del mundo, los mismos que según las tradiciones construyeron ciudades como Tiahuanaco, o se enfrentaron en fratricida lucha contra los dioses en la India, Japón, Rusia, Egipto o Escandinavia. Eran los “titanes” griegos, los “asilki” siberianos o los “quinametzi” mexicanos.

Son numerosos los museos en diferentes partes del mundo que aseguran poseer huesos de los míticos gigantes que según todas las tradiciones habitaron la Tierra en tiempos remotos.
De su existencia recogieron numerosos testimonios los diferentes cronistas españoles a su llegada a las Américas, quienes pudieron escuchar (y en algunas ocasiones ver) de boca de los más viejos del lugar como sus antepasados compartieron aquellas tierras con una raza de gigantes a los que exterminaron en sangrientas luchas. Del mismo modo les mostraron sus antiguas ciudades y monumentos, y cómo no, también algunas de sus tumbas. Fray Diego Durán afirmó en sus escritos ser testigo de la presencia en estas tumbas de huesos aparentemente humanos pero de enormes proporciones.
Tal vez como los encontrados en una gruta de Atguetca, cerca de Mangiss, antigua Unión Soviética, donde fueron hallados esqueletos de hombres que medían entre 2,80 y 3 metros, las mismas proporciones aproximadamente que los restos encontrados en Chenini (Túnez), junto con distintos utensilios, tales como mazas y picos de enormes proporciones que indican claramente que solo pudieron ser utilizados por seres de grandes dimensiones, como también se han encontrado en Safita (Siria) o en Ain Fritisa (Marruecos).
En un pequeño pueblo llamado Lampock Rancho, en California, durante unos trabajos de excavación de terrenos en el año 1.883 salió a la luz un esqueleto de 3,65 metros de estatura, rodeado de conchas labradas, pesadas hachas de piedra y bloques de piedra garabateados con unos signos e inscripciones ininteligibles. Otro de estos esqueletos fue exhumado en la Isla de Santa María, frente a la costa de Los Ángeles. En Julio de 1.887 un grupo de buscadores de metales preciosos encontraron en las colinas de Spring Calley, cerca de Eureka en el Estado de Nevada los restos de una pierna humana que debió corresponder a un hombre con una estatura superior a los 3,50 metros, pues de la rodilla al talón esta pierna medía 99 centímetros.

Huella gigante de un pie humano en el Parque Nacional de Kanangra (Australia).
El propio navegante portugués Magallanes, capturó en la Patagonia a dos enormes indígenas a los que él, según su propio testimonio, solo llegaba a alcanzar con su cabeza a la altura de la cintura de estos titanes. Los encadenó para enviarlos a Europa, pero sin embargo ambos murieron antes de que el barco que los conducía atravesara el ecuador. Otros testimonios que nos han llegado de la presencia de estos descomunales seres proceden del famoso corsario inglés Drake, quien aseguró en su momento haber visto a escasos metros de él, a seres de dos metros y medio de altura, lo mismo que atestiguó el comodoro Byron, abuelo del célebre poeta inglés, quien en sus memorias relata sus experiencias con estos gigantescos seres.
Volviendo a la figura de Enoch, el viejo profeta antediluviano que con mayor precisión supo plasmar los acontecimientos vividos en aquellos tiempos remotos, nos indica que los humanos incluso llevaron sus disputas con los gigantes ante el mismísimo Dios. Fue entonces cuando los arcángeles dijeron al señor: “…Semyaza y sus compañeros han bajado a la Tierra y han cohabitado con las hijas de los hombres, y se han marchado con ellas y les han revelado todos los pecados. Pero las mujeres parieron gigantes y de este modo la Tierra se ha llenado de sangre y de injusticia…”. A lo cual el señor contestó: “…...La Tierra entera se hundirá y un diluvio está a punto de caer sobre la Tierra y todo cuanto se encuentre sobre ella desaparecerá…...”.

Según la Biblia los gigantes fueron una de las causas principales por las que Dios envió el Diluvio Universal sobre la Tierra. Se supone que no todos fueron exterminados en este diluvio, pues en episodios posteriores aparecen de nuevo, como en el incidente de David contra Goliath.
Baruch, otro de los profetas que hace referencia a estos sucesos nos cita lo siguiente: “…...¡Oh Israel, cuán grande es la casa de Dios, y cuán vasto es su dominio! Es muy grande y no tiene término. Allí nacieron los gigantes, los famosos desde la antigüedad, de alta estatura, diestros en la guerra. Pero no eligió Dios a éstos ni les dio a conocer el camino de la sabiduría, y así perecieron por falta de prudencia…...”. El propio Baruch se refiere a este crucial momento a continuación: “…...El Más Alto llevó el diluvio a la Tierra y exterminó toda carne y también a los 4.090.000 gigantes. Las aguas superaban en 15 brazas a las montañas más altas...…”.
Aunque parece ser que al igual que algunos humanos no todos los gigantes perecieron, tal como se puede comprobar en hechos bíblicos posteriores al relato del diluvio, como sería el caso del famoso enfrentamiento de David contra el gigante Goliath. Pero no cabe duda que el diluvio marcó un antes y un después en la existencia de estos seres, iniciando el declive en todas las tradiciones de los pueblos antiguos.
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