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“…Cuando en la Tierra sólo habitaban los animales y la hierba, y los árboles crecían libres, Tucup Achá, el regente del Universo, creó del barro a la primera mujer y al primer hombre. Ocurrió que al entrar en el río se multiplicaron y fundaron los pueblos de la Tierra…, pero después vino un diluvio.
Solamente un hombre, Tezpi, y su familia lograron salvarse. Aquel construyó una canoa donde embarcó a muchos animales para conservar las especies y la llenó de provisiones. Navegó por largo tiempo cerca de las nubes. Cuando bajaron las aguas, Tezpi envió un zopilote, pero el pájaro no regresó. Más tarde soltó un colibrí que volvió pronto con sus plumas llenas de los reflejos de la naturaleza, anunciando que ya se podía habitar la tierra, pues llevaba en su pico un pétalo de los campos poblados de flores…”

Escena bíblica representativa del Diluvio Universal, en la que Noé embarca una pareja de cada especie animal para preservar su existencia.
Este relato en principio podría pensarse que es una libre adaptación del que nos aparece en la Biblia protagonizado por Noé, pero sin embargo es un viejo mito distante del que nos describe el Pentateuco muchos miles de kilómetros, perteneciente a los indios Purépecha en México. No es el único, existen más de quinientas leyendas conocidas por todo el mundo recogidas por distintos investigadores encargados de estudiar las costumbres y el folklore de antiguos pueblos.
En América del Norte la tribu de los Choctaw nos relata que hace mucho tiempo el Gran Espíritu, cansado de ver la corrupción del hombre sobre la Tierra, decidió destruir la humanidad enviando un gran diluvio. Sólo un hombre logró salvarse construyendo una balsa con troncos. Del mismo modo los indios navajos recogen en sus tradiciones cómo una gran inundación acabó con casi la totalidad de los pueblos indios, sólo unos pocos supervivientes que alcanzaron las cumbres más altas de las montañas lograron salvarse del desastre. Más al sur los aztecas nos cuentan como sólo un hombre, Coxcox, y una mujer, Xochiquetzal se salvaron en una pequeña embarcación. Continuando con nuestra travesía hacia el sur, los incas del Perú, han transmitido en sus leyendas una historia sobre un diluvio en la que aseguran que el agua subió sobre las montañas más altas, pereciendo todos los seres vivientes, a excepción de un hombre y una mujer que flotaron en una caja sobre la faz del agua. Aún más al sur del continente americano, en la Patagonia, los indios tehuelches, al igual que los indios navajos en América del Norte, tuvieron que correr y refugiarse en las cuevas de las cumbres más altas.
Cruzando el Atlántico y llegando al continente africano, aunque en menor cuantía por no existir estudios suficientes, también podremos encontrar leyendas acerca del diluvio que azotó a la humanidad. Por ejemplo los egipcios en sus mitos sobre la creación, aseguran que el dios Tem fue el responsable de un gran diluvio que afectó a todo el mundo, exterminando a toda la humanidad, a excepción de un pequeño grupo de elegidos que estaban en un barco junto a él. En el África más profunda, muy interesante es la leyenda de la tribu de los yoruba, quienes narran que los dioses del cielo vinieron a vivir a la Tierra en una mítica ciudad llamada Ife que había construido con anterioridad el dios Obatala, el creador de la humanidad. Esto despertó la envidia y los celos de la diosa del mar, la poderosa Olokun, quien decidió acabar con la ciudad donde dioses y hombres convivían en armonía, lanzando una tras otra, gigantescas olas desde el mar, y desatando la furia de las nubes del cielo. Muy pocos fueron los que lograron sobrevivir, gracias a la intervención de otra diosa, la piadosa Orunmila.

La diosa Olokun, la culpable para la tribu africana de los "yoruba" del Diluvio Universal.
Saltando a Europa, encontramos en la mitología griega cómo Zeus para castigar a la humanidad, provoca un devastador diluvio junto con el también dios Hermes, del cual sólo logran salvarse una pareja de humanos, Filemón y Baucis. Las leyendas de los pueblos germanos y escandinavos rememoran este acontecimiento cuando, “el Gran Lobo Fenrir” se sacudió, molesto por la humanidad, haciendo temblar el mundo y provocando que los ríos y los océanos se desbordasen, exterminando toda vida vegetal y animal, logrando salvarse un pequeño grupo al refugiarse en el tronco del viejo y mítico fresno “Yggdrasil”.
Pasando a Asia y en la zona de Oriente Medio, una de las más ricas y detalladas leyendas en las que con casi toda seguridad, según nuestra opinión, los autores de la Biblia tomaron nota sobre los acontecimientos del diluvio, es la Epopeya de Gilgamesh. Un joven rey mitad humano, mitad dios, que busca desesperadamente las fuentes de la inmortalidad. Este auténtico clásico de la literatura mesopotámica, digno de una aventura al más puro estilo de las de “Indiana Jones”, nos narra cuando el propio Gilgamesh conoce a “Unapishtim”, superviviente de un gran diluvio, el cual gracias a los favores del dios En-ki, logró construir un gran barco colocando en su interior una semilla de toda criatura viviente. Una vez pasada la furia de la tormenta, “Unapishtim”, al igual que el Noé bíblico dejó ir una paloma, y del mismo modo al final el barco se depositó sobre lo alto de una montaña, donde “Unapishtim” ofreció un sacrificio a los dioses.
En China, en vez de Unapishtim o Noé, el héroe del diluvio se llama Fu-hsi. Fueron los jesuitas los primeros europeos en acceder al estudio de la Gran Biblioteca Imperial donde se recopilaban más de 4.000 volúmenes del conocido como “Libro de Todo el Conocimiento”, donde se narraba la revuelta de la humanidad contra los dioses y de cómo estos en castigo, cambiaron el movimiento del Sol, la Luna y las estrellas, haciendo que la Tierra se hiciera pedazos y las aguas asolaran los campos hasta las más altas montañas.

Las viejas tablillas sumerias y de otros pueblos mesopotámicos nos relatan la epopeya del rey mitad hombre mitad dios Gilgamesh. Con casi toda probabilidad sirvieron como fuente de inspiración para los hechos que posteriormente nos relató la Biblia.
Y así debió ser pues más al norte en Siberia las leyendas cuentas, como un día de repente una gran inundación obligó a los hombres a salvarse en troncos y balsas, aunque fueron muy pocos fueron los supervivientes. Se da la circunstancia de haberse encontrado en varias regiones de Siberia numerosos “depósitos fósiles” de animales y vegetación bajo grandes cantidades de lodo, de lo que parece ser fue una gran catástrofe.
Este mismo tipo de alusiones a una gran inundación pueden ser encontrados en áreas geográficas próximas, como Corea y Japón. Y más allá aún, saltando de Asia en dirección a Oceanía, en Indonesia podremos escuchar viejas leyendas que nos hablan de un tiempo de grandes inundaciones provocadas por la ira de los Dioses.
Los Aborígenes australianos aseguran que hace mucho tiempo hubo una gran inundación que cubrió las más altas montañas, que un gran remolino los elevó hasta el cielo, y que sólo un hombre llamado Pund-Jil y sus hijos pudieron sobrevivir. Y así, podríamos seguir por cada rincón de la Polinesia y la Micronesia, desde las Islas Marianas a Nueva Guinea o desde las Carolinas a Hawai, donde distintas leyendas vienen a coincidir en una circunstancia común en la que todas las culturas tienen un claro punto de encuentro.
¿Por qué entonces se sigue rechazando la existencia de un gran diluvio universal? ¿Quizá tal vez porque sería un primer paso para admitir un total desconocimiento de nuestra historia?

Multitud de pueblos de todo el planeta como estos indios "tehuelches" de la Patagonia, mantienen entre sus tradiciones el recuerdo de un gran diluvio que acabó con la casi practica totalidad de la humanidad.
Si el “mito” de la Biblia, que es el que nos ha guiado a hacer este pequeño periplo a través de los cinco continentes en búsqueda de respuestas sobre su autenticidad física es real, y en principio parece serlo, también podríamos intentar al menos, y esto es lo que verdaderamente más asusta a algunos, esclarecer los motivos que causaron semejante acontecimiento. Y al respecto, la Biblia no deja lugar a duda alguna, llana y sencillamente el diluvio fue “un castigo divino”. Un castigo dirigido contra la humanidad y muy especialmente contra una raza de gigantes que dominaba la Tierra. Y aquí, no nos engañemos, es donde la ciencia oficial no perdona semejante afirmación, a pesar de la enorme cantidad de hechos que apuntan a su existencia. Pero será en otro capítulo de nuestro apartado de Mitos y Leyendas donde nos adentraremos en la búsqueda de la existencia de estos fabulosos seres de los que nos habla la Biblia e infinidad de textos de todos los rincones del mundo.
Para finalizar recordaremos que multitud de estudios geológicos sobre distintas capas sedimentarias en diferentes puntos del planeta, así como recientes descubrimientos arqueológicos y fósiles como los realizados en las proximidades de la costa turca del Mar Negro, donde se suponía que la formación de este mar se había realizado gradualmente a través del paso del tiempo, han hecho recapacitar a la comunidad científica, y a empezar a tomar en serio la hipótesis de una gran inundación no ya de carácter local, sino a nivel mundial, que en el caso del Mar Negro lograse que su formación se realizase de forma repentina sobre un antiguo lago de agua dulce. Al menos así fue hecho público a finales del año 2.000 por un equipo de investigación de la prestigiosa Nacional Geographic.
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