LA LEYENDA DE HORUS

Por: Carlos E. Casero

 

 

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ANTECEDENTES

Esta leyenda arranca mucho antes del nacimiento de Horus. Se podría decir que su inicio se gesta cuando los dioses y hermanos Geb (Dios de la Tierra) y Nut (Diosa del Cielo) cedieron el gobierno de Egipto a sus cuatro hijos, los Dioses Osiris y Seth, y las Diosas Isis y Neftis.

 

Osiris en el centro junto a su esposa y hermana la diosa Isis (a la derecha). De su unión nacería Horus (a la izquierda).

 

Era costumbre la unión entre hermanos y hermanas para poder aspirar a una mejor línea de sucesión al trono. Independientemente, no estaban mal vistas las relaciones amorosas fuera de estos matrimonios de conveniencia, pero para presentar un heredero al trono la primera regla era que el hijo nacido fuera de la esposa legítima, y si ésta no podía concebir, el primer hijo nacido de cualquiera de las concubinas o amantes. Pero un dato muy importante a tener en cuenta era que, si en cualquier momento, aun habiendo nacido el primogénito heredero, nacía un hijo del rey con su propia hermana, éste sustituía automáticamente al primero en la sucesión legítima a la corona de Egipto.

En el reparto de territorios que Geb y Nut hicieron entre sus hijos, el menos satisfecho fue Seth, por lo que comenzó a enemistarse con su hermano Osiris, su gran rival en el trono de Egipto. De estos cuatro hermanos, sólo Seth y Neftis eran hijos naturales de Geb, pues Nut concibió a Osiris con su abuelo Ra, y a Isis con el Dios Thot.

La sucesión al trono como se puede ver se complicó aun más al contraer matrimonio Osiris con Isis y Seth con Neftis. Si bien Seth era el primogénito y heredero legítimo de su padre Geb, Osiris reclamó la corona porque su padre era el gran Ra, quien gobernó con anterioridad a Geb, y no solo eso, de su unión con Isis nacería un futuro heredero que bloquearía toda posibilidad a la descendencia de Seth, quien empezó a urdir una venganza contra su hermano Osiris para arrebatarle el trono de Egipto.

 

Imagen de Horus niño.

 

 

LA MUERTE DE OSIRIS

Coincidiendo con la visita de la Reina Aso de Etiopía, el Dios Seth preparó una gran fiesta de bienvenida en su palacio, invitando al resto de los dioses, incluido su odiado hermano Osiris. Para esta ocasión mandó preparar a sus mejores artesanos un gran cofre recubierto de piedras preciosas de gran valor con las medidas exactas en su interior de su hermano Osiris. Una vez terminado el banquete y los agasajos de honor a la Reina Aso, hizo sacar el espléndido cofre a la vista de todos los invitados, proponiendo un juego para amenizar a todos los presentes. Como si del cuento de la Cenicienta se tratase, prometió regalar el magnífico cofre a aquel que pudiera introducirse en él sin ningún tipo de dificultad que impidiera su posterior cierre. Uno detrás de otro, y alegres por la música y el buen vino, fueron intentándolo todos los invitados sin resultado. Cuando le llegó el turno a Osiris, rápidamente Seth ordenó cerrar la tapa con clavos, procediendo a su sellado derramando plomo derretido por encima del cofre. Seguidamente mandó arrojar el cofre al mar. Con este golpe de mano, Seth se hizo con el Trono de Egipto, sin que los demás dioses reaccionaran y convencidos de la muerte de Osiris.

Sólo su esposa y hermana, la Diosa Isis, comenzó a buscar el cofre, al que localizó junto a la costa de la Ciudad de Biblos, en el actual Libano. Tras ocultarlo en un lugar que ella creía seguro, comenzó los preparativos para resucitar a su fallecido marido. Pero Seth se enteró de los planes de Isis y logró encontrar el lugar donde se encontraba escondido el cadáver de Osiris. Esta vez cortó a su difunto hermano en 14 pedazos y los dispersó por todo Egipto. Isis no cesó en su empeño de devolver a la vida a Osiris, y uno a uno durante varios años, fue recuperando todos los pedazos de su desmembrado esposo, excepto el pene. Pero esto no fue impedimento para que Isis concibiese un Hijo de Osiris, Horus, al que ocultó en los pantanos de la ira de su tío Seth.

Seth por su parte para terminar con todos los problemas de sucesión, raptó a Isis para obligarla a casarse con él, pero algunos dioses cansados de la actitud de Seth, ayudaron a escapar a Isis. En su huida regresa a los pantanos y encuentra gravemente enfermo por la picadura de un escorpión a su hijo Horus. Sólo la ayuda del padre de Isis, el Dios Thot, logra salvar a Horus, quien en secreto comienza a ser educado y preparado para llegado el momento, vengar a su padre y recuperar su legítimo derecho a la corona de Egipto.

 

Seth, el "chico malo" de la película.

 

Thot, dios de la sabiduría y la escritura.

 

 

LA VENGANZA DE HORUS, EL COMIENZO DE LA LEYENDA

Llegado el momento oportuno Horus hizo acto de presencia ante el Consejo de los Dioses, reclamando el Trono de Egipto ante la sorpresa de todos los presentes, incluido su tío Seth. Rapidamente urdió una nueva treta, y mandó retirarse al resto de los dioses para que deliberaran su decisión, mientras en un tono conciliador, invitó a Horus a su casa para hacer las paces.

Esta sorprendente historia, que más bien parece un tratado de ingeniería genética, como lo es el propio nacimiento de Horus, continúa con la violación de Horus por parte de su tío Seth, quien vierte su semen sobre Horus, sin llegar a depositarlo en su interior como Seth pensó. Informada Isis del suceso por su hijo, le ordena verter su semen en una copa y posteriormente lo arroja sobre la comida de Seth, sin éste saberlo. En ese momento y ante los dioses que aún dudaban sobre la decisión a tomar sobre la reclamación del joven Horus, éste proclama que la semilla de Seth no está en su interior, sino que su propia semilla es la que está dentro de Seth. Los dioses ordenan a Thot examinar el cuerpo de Seth, y éste confirma la presencia del semen de Horus en su interior.

Ofendido y burlado ante el resto de los dioses, Seth huye con ánimo de revancha, mientras que Horus es aclamado como el nuevo soberano de Egipto. Los problemas lejos de terminar, no han hecho más que empezar, pues Seth comienza una guerra desde sus dominios asiáticos de devastadoras consecuencias.

 

Osiris, padre de Horus.

 

 

LA GUERRA DE HORUS Y SETH

De las batallas que se iniciaron entre Horus y Seth nos han quedado numerosos relatos como los que se pueden observar hoy en día sobre los muros del Templo de Edfú, principal ciudad de culto a Horus en el antiguo Egipto y donde según la leyenda guardaba su "disco alado", con el que libró duros combates aéreos contra su odiado tío Seth.

En ayuda de Horus apareció un gran aliado, su bisabuelo Ra, que acompañado de un gran ejército de guerreros, se unió a las huestes de los "Shemsu-Hor", o seguidores de Horus. La primera batalla fue sobre territorio nubio, cerca de la Ciudad de Asuán, y resultó un éxito para el ejército de Horus, quien, decidido a lanzar una ofensiva final contra las tropas de Seth, estableció una importante fundición de armas metálicas hechas en "hierro divino", en su ciudad de Edfú, y donde entrenó a un ejercito de "mesniu" u hombres de metal, los primeros humanos que participaron en las guerras de los dioses.

Una batalla tras otra todo Egipto quedó bañado en un mar de sangre, donde dioses y humanos lucharon codo con codo, una auténtica masacre que quedó grabada en el recuerdo de los antiguos egipcios. Poco a poco Seth se fue replegando en sus posiciones, y su derrota parecía próxima. Ante el acoso y la superioridad de efectivos de Horus y sus aliados, Seth cayó por fin prisionero, y fue llevado ante el Dios Ra, quien ordenó su entrega a Horus e Isis, para que procediesen como creyeran conveniente.

Horus inició una orgía de sangre entre los compañeros prisioneros de Seth que fueron capturados junto a él, dejando el ajusticiamiento de Seth para el final. Pero ante la sorpresa de Horus, su madre Isis sintió lastima de su hermano Seth y le dejó escapar. La furia incontenida de Horus se volvió entonces contra su madre, a la que decapitó personalmente. Pero Thot le reinsertó de nuevo la cabeza.

 

Horus, el dios con cabeza de halcón en una pintura de la tumba de Horemheb en el Valle de los Reyes.

 

Seth, tras permanecer escondido algún tiempo y reagrupar a algunas fuerzas dispersas, reinició los combates. Esta vez Horus al frente de sus tropas y sobre una "columna ardiente voladora" estaba dispuesto a dar el golpe final a las extenuadas fuerzas rebeldes. En la última de las batallas el vehículo aéreo de Horus resultó alcanzado, aunque él resultó ileso, pero no sin antes derribar la nave de Seth, quien perdió los testículos en el incidente.

Cansados de tantos horrores y muerte, el Consejo de los Dioses decretó una tregua, y llamó a ambos contendientes ante su presencia, la derrota de Seth era tan inminente que, no teniendo ya nada que perder accedió a presentarse ante el consejo.

Se decidió que Seth se retirase a sus dominios fuera de Egipto perdonándole la vida. A cambio, él aceptaba el derecho de Horus a tener la corona de Egipto como el único y legítimo heredero. Finalizada la guerra, tanto Ra como Horus agradecieron a los humanos su ayuda en la contienda, ofreciéndoles libaciones y ofrendas, y permitiéndoles edificar santuarios y templos junto a los de los dioses, así como una cuota de autogobierno a través de sus intermediarios, los sacerdotes, quedando para siempre en la memoria histórica del pueblo egipcio, y que el paso de los siglos nos ha hecho llegar en forma de leyenda.

 

Dinastías de Egipto - Un poco de historia

 

Mucho antes de que el mítico faraón Narmer unificara los dos reinos del Bajo y Alto Egipto sobre el 2.900 a. C., distintas culturas y pueblos se asentaron desde tiempos remotos en las proximidades del Rió Nilo. Pinturas rupestres en Sebil, cerca de Kom Ombo o en la cordillera de Hammamat durante el mesolítico y paleolítico, son un claro testimonio de las distintas culturas que fueron apareciendo con anterioridad al Egipto de los faraones. Existen yacimientos arqueológicos de las culturas neolíticas de Merimde y Tasa, 5.000 a. C., la Badariense y Amratiense o Nagada I, que datan alrededor del 4.200 a. C., o la más próxima a la aparición del Egipto dinástico, la Gerzeense o Nagada II en torno al 3.200 a. C.

Y por fin llegamos al comienzo de la Época Dinástica Temprana, que aún hoy queda envuelta en un mar de dudas e interrogantes, pues no hay un consenso entre los investigadores a la hora de identificar a aquél que los griegos denominaron con el nombre de Menes. Mientras unos lo asocian a Narmer, el primer faraón de la I Dinastía, otros lo identifican con su sucesor Horus-Aha. En cualquier caso tampoco existe un acuerdo total en el resto de periodos y dinastías a lo largo de la extensa Historia de Egipto, pues hay diferencias en algunas ocasiones por bailes de fechas y nombres que no acaban de cuadrar entre las distintas cronologías que se barajan, pero básicamente son las que a continuación trataremos de exponer.

 

ÉPOCA DINÁSTICA TEMPRANA (Periodo Tinita)

(3.100 a. C. - 2.700 a. C.)

Este periodo está formado por la I y II dinastías. El mayor progreso económico y cultural del Bajo Egipto determina también una superioridad en el terreno militar, que finaliza con la victoria del Rey Narmer sobre sus vecinos del Alto Egipto. Se establece la capital del nuevo reino en la ciudad de Tinis. Horus-Aha sucede a Narmer y termina de completar el trabajo de unificación. El último faraón de este periodo fue el faraón de la II Dinastía Khasekhemui.

 

IMPERIO ANTIGUO

(2.700 a. C. - 2.180 a. C.)

En este periodo se inicia una época de esplendor en Egipto. Abarca a las dinastías III, IV, V, VI, VII y VIII. El primer faraón fue Sanakht-Nebka. Su sucesor Zoser inicia una expansión militar que le lleva a conquistar nuevos territorios. Establece su capital en la ciudad de Menfis y encarga a su consejero Imhotep la realización de una mastaba monumental, que terminaría siendo la conocida por todos comoPirámide Escalonada de Sakkara. Pero es con Snefrú (2.620 a. C.) ,el fundador de la IV Dinastía, cuando comienza oficialmente la época de las grandes construcciones de Pirámides. Tres ,nada menos, se le atribuyen a este faraón, la primera en Meidum y las otras dos en Dashur, conocidas como la Pirámide Roja y la Pirámide Acodada o Romboidal.

Le continúan su hijo Keops, Kefrén y Micerinos, a quienes se le adjudican la construcción de las Pirámides de Giza. En el 2.480 a. C., Userkaf funda la V Dinastía, que es continuada por Sahure, Neferirkare, Raneferef, Niuserre y Unas. En este periodo, y siempre según la egiptología oficial, los constructores de las pirámides de estos faraones, casi todas ellas en la Necrópolis de Abusir, olvidan , como por arte de magia, (tan sólo en 100 años) las técnicas de construcción, y realizan verdaderos monigotes en comparación con las últimas pirámides de la IV Dinastía en Giza. Teti en el 2.340 a. C funda la VI Dinastía, que continúa con la expansión geográfica, seguido posteriormente por Usirkare y Pepi I. Con Pepi II, último faraón de la VI Dinastía, se derrumba la organización del estado acompañada de una grave crisis social que sume a Egipto en un periodo de decadencia. Las VII y VIII Dinastías pasan con más pena que gloria. Egipto es un caos y se conocen muy pocos datos de este momento de su historia.

 

I PERIODO INTERMEDIO

(2.180 a. C. - 2.040 a. C.)

La situación caótica y de desgobierno que asola Egipto conduce a distintos pueblos asiáticos a invadir la zona del Delta. Sucesivos intentos de restablecer el orden y la legitimidad faraónica, conducen al faraón Kheti I, a proclamar la IX Dinastía lejos de la anárquica Menfis, exactamente en la ciudad de Heracleópolis. La situación no mejoró mucho. Distintas luchas políticas por el control del poder provocan la caída de los gobernantes de la IX Dinastía y la llegada de la X Dinastía.

Esta vez la rivalidad surge al sur, pues en la ciudad de Tebas se proclama faraón Antef I, y funda la XI Dinastía. La guerra es inevitable entre ambas dinastías y no finaliza hasta que en el año 2.050 a. C. el faraón tebano Mentuhotep, toma la ciudad de Heracleópolis unificando de nuevo Egipto.

 

IMPERIO MEDIO

(2.050 a. C. - 1.640 a. C.)

Este periodo iniciado por Mentuhotep, faraón de la XI Dinastía, abarcó también a las dinastías XII, XIII y XIV.

Nuevos disturbios provocan la caída del último de los faraones de la XI Dinastía, lo que causa la aparición en el año 1.991 a. C. de la XII Dinastía por parte de Amenemhat I. Se abre un periodo de calma y prosperidad, Distintos faraones como Sesostris I, Amenemhat II, Sesostris II, Sesostris III y Amenemhat III se van sucediendo.

Un faraón usurpador, Ammenemes-Sebekhotep I, funda la XIII Dinastía en el 1.786 a. C., pero su poder no dura mucho. Unos tras otros, distintos faraones se suceden sin orden ni control, a pesar de que a duras penas se mantiene la unidad de Egipto. Entre cambio y cambio es fundada la XIV Dinastía bajo una enorme presión de los pueblos asiáticos. Estas tribus nómadas desencadenan una invasión a gran escala en la zona del Bajo Egipto en el año 1.640 a. C. Son los conocidos como "hicsos", que significa "jefes de los países extranjeros", los que tras cruentas luchas alcanzan el poder dando paso a otro nuevo periodo en la historia de Egipto.

 

II PERIODO INTERMEDIO

(1.640 a. C. - 1.550 a. C.)

Los nuevos gobernantes extranjeros fundan la XV Dinastía. Introducen importantes novedades, sobre todo en el arte de la guerra, incorporando el caballo y el carro que les aportan continuas victorias en el campo de batalla. Le sucede la XVI Dinastía que sigue sus luchas contra los núcleos de resistencia egipcia. Es en uno de estos núcleos, en Tebas, donde Kamosis funda la XVII Dinastía. (1.550 a. C.), y, aprendiendo de las técnicas guerreras de sus enemigos, inicia una sangrienta reconquista palmo a palmo hasta el completo desalojo de los hicsos.

 

IMPERIO NUEVO

(1.550 a. C. - 1.070 a. C.)

El hermano y sucesor de Kamosis, el faraón Ahmosis funda la XVIII Dinastía.

Comienza uno de los periodos más brillantes y prósperos para Egipto, que se prórroga durante más de 200 años. Egipto recupera su unidad política y territorial, y además ocupa importantes territorios, estableciendo un importante imperio. Tras la desaparición de Ahmosis, le continúan Amenofis I, Tutmosis I, Tutmosis II, la Reina Hatsepsut, Tutmosis III, Amenofis II, Tutmosis IV, Amenofis III, Amenofis IV (el hereje faraón Ahkenatón, 1.379-1.362 a. C.), Semenkhare, el famoso Tutankhamón, Ay y Horemheb.

En el 1.308 a. C., Ramsés I sucede a Horemheb y funda la XIX Dinastía. Le sucede Seti I, padre del faraón más prolífico en cuanto a construcciones se refiere de todo Egipto, Ramsés II, que después de quedar en tablas en la famosa batalla de Qades contra el rey hitita Muwatalli, consiguió un largo periodo de paz y desarrollo económico.

Ramsés III inicia la XX Dinastía que va deteriorándose progresivamente hasta el último de los faraones de este periodo, Ramsés XI, que desaparece del escenario dando paso a Herior, fundador de la XXI Dinastía.

 

III PERIODO INTERMEDIO

(1.070 a. C. - 712 a. C.)

Se inicia un proceso irreversible de desintegración del Imperio Egipcio. Las dinastías se superponen, y mientras que en el norte, en la ciudad de Tanis reina una dinastía, en Tebas al sur reina otra. Generales libios controlan el norte de Egipto, y más al sur el reino de Nubia se independiza al final de este periodo, estableciendo la Dinastía Kushita o XXV Dinastía.

Hasta ese momento se suceden las dinastías XXI, XXII (Dinastía Libia), XXIII y XXIV. Es durante este periodo que los asirios aprovechando la división y debilidad de los egipcios, penetran en Egipto y ocupan Tebas.

 

PERIODO TARDIO

(712 a. C. - 332 a. C.)

Se inicia con la Dinastía Saítica o XXVI (Periodo Saíta) que instaura un rey extranjero (procedente de Sais) y aliado de los asirios: Psamético I. Su control fue limitado en el norte de Egipto, mientras que al sur el peligro nubio era creciente. Los faraones sucesivos, Nekao, Psamético II, etc, lograron poco a poco establecer casi un siglo de paz y prosperidad y cierto florecimiento económico y artístico, que no se veía desde el Imperio Nuevo.

En el año 525 a. C. el persa Cambises irrumpió en Egipto terminando con su independencia. Se proclama la XXVII Dinastía (Dinastía Persa, 525-404 a. C.). Al menos dos intentos por conseguir la independencia fracasan durante este periodo.

La Dinastía siguiente, la XXVIII, no es más que una mera espectadora de la situación política internacional y un títere de Persia. Pero, por fin, Neferites I, fundador de la XXIX Dinastía consigue liberar Egipto y mantiene continuas guerras contra los persas. Problemas de sucesión conducen a Nectanebo I a fundar la XXX Dinastía. Irremediablemente en el año 343 a. C., Nectanebo II es derrotado en el campo de batalla por Artajerjes III, que instaura la segunda dominación persa de Egipto y la XXXI Dinastía. Durante este tiempo los egipcios sufren una durísima represión que anula cualquier intento de rebelión.

 

PERIODO HELENISTICO-ROMANO

(332 a. C. - 565 d. C.)

En el año 332 a. C., Alejandro Magno entró sin resistencia en Egipto, siendo aclamado como faraón y libertador de la opresión persa. Funda la ciudad de Alejandría. Tras su temprana muerte, el basto Imperio Griego es repartido entre sus generales, y Egipto le corresponde a Ptolomeo, que entabla continuas guerras y alianzas contra los hasta hace poco compañeros de armas, ahora reconvertidos en reyes. Se produce una inmigración masiva de personas procedentes de Grecia que no es muy bien vista por los egipcios, que llegaron incluso a provocar revueltas. La Dinastía Ptolomeica (doce reyes y siete reinas) se sucede entre conspiraciones, asesinatos y guerras con Siria. En el año 69 a. C. el Rey Antíoco de Siria invade Egipto y sitia la ciudad de Alejandría. Sólo la mediación de Roma logra salvarla del avance sirio.

Luchas por el control del poder en el Imperio Romano, consiguen aliar a Marco Antonio y la Reina Cleopatra VII, pero sus enemigos consiguen derrotarlos y aislarlos, lo que provoca el suicidio de ambos. Octavio en el año 30 a. C. se apodera de Egipto y pasa a formar parte como una simple provincia más del Imperio de Roma. La llegada de emperadores cristianos al trono de Roma, radicaliza la política religiosa. En el año 535 d. C., y una vez dividio el Imperio Romano, un decreto del Emperador Justiniano de Bizancio, ordena el cierre de todos los templos paganos. En el Templo de Filae, último reducto del culto a Isis, los intransigentes cristianos pasan a cuchillo a todos los sacerdotes.

Es el fin, como tantos otros, de un antiguo imperio que tras más de 3.000 años dejó una huella imperecedera que ha llegado hasta nosotros envuelta en un halo de misterio y de grandeza. Es la leyenda de una cultura milenaria que permaneció enterrada entre las arenas del desierto, y que el tiempo ha devuelto al justo lugar que le correspondía, gracias al esfuerzo y la ilusión de aventureros e investigadores, que, tras más de dos siglos de trabajo, han arrojado algo de luz a una etapa histórica de la humanidad que permanecía en la sombra. Es en definitiva, la historia del Egipto Oculto, la tierra de los dioses.

 

 
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