NANOTECNOLOGIA MILENARIA EN RUSIA

Por: Carlos E. Casero

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Entre los años 1.991 y 1.993 mientras se hacían prospecciones para la búsqueda de oro, en un área al este de los Urales junto a los ríos Narada, Kozhim y Balbanyu, fueron apareciendo uno tras otro pequeños objetos de escasos centímetros  (0,003 milímetros los más pequeños), en unos estratos geológicos situados entre los 3 y 12 metros de profundidad, lo que permitió una datación posterior en función del nivel en el que fueron encontrados que oscilaba entre los 20.000 y los 318.000 años.

 

Esta son algunas de las piezas que en su momento desconcertaron a los científicos rusos. ¿Quién pudo desarrollar esta tecnología hace como mínimo 20.000 años?

 

El análisis efectuado sobre estos objetos por la Academia de Ciencias de Rusia en Syktyvka, capital de la antigua República Soviética de Komí, determinó que la composición de estos objetos era variada. En los objetos más grandes predominaba la presencia de cobre, mientras que en los pequeños se encontraron la presencia de tungsteno y molibdeno. El tungsteno tiene un alto peso atómico al igual que el molibdeno, con un punto de fusión de 3.410 grados centígrados para el primero y de 2.650 para el segundo. El molibdeno es un elemento químico metálico descubierto en el año 1.778, cuyo alto punto de fusión lo convierte en un elemento  importante para la fabricación de aceros especiales. No existe en estado puro en la naturaleza, pero con frecuencia está asociado al cobre. El tungsteno es un elemento natural. Se encuentra en rocas y en minerales combinado con otras sustancias químicas; nunca se encuentra en forma del metal puro. El tungsteno elemental es un metal blanco a gris acero (depende de la pureza) que puede ser usado en forma pura o mezclado con otros metales para formar aleaciones. Las aleaciones de tungsteno tienden a ser duras y flexibles, resisten el desgaste y son buenas conductoras de la electricidad. El tungsteno y sus aleaciones se usan como filamentos de bombillas, partes de tubos de rayos X, catalizadores para acelerar reacciones químicas, componentes de herramientas de alta velocidad, electrodos para soldar, discos de giroscopios, balas y municiones para penetrar blindaje.

 

 

Los detalles microscópicos que se pueden apreciar sobre la superficie de estos objetos reflejan una manufacturación igual o superior a las que hoy se desarrollan en nuestras industrias.Solo hay un problema..., su antigüedad.

 

Sorprende enormemente que el tamaño milimétrico de muchos de estos objetos exija una tecnología muy desarrollada para su fabricación, que incluso hoy en día esta en pleno proceso de desarrollo  de lo que se ha dado en llamar “nanomáquinas”, pequeños robots destinados a actuar allá donde la mano del hombre es inoperante, como sería el caso de la microcirugía a nivel cerebral o arriesgadas operaciones dentro de los vasos sanguíneos que no son posibles de efectuar con las actuales técnicas quirúrgicas. Se trata de un mero campo futurista de la investigación sujeta a la construcción de un "Ensamblador" (Assembler), esto es, una máquina de construcción que manipula y construye con los átomos o las moléculas individuales. Uno de los primeros retos de la investigación a largo plazo de la nanotecnología es la reproducción de un ensamblador en si mismo reprogramable. Éste sería un dispositivo que puede hacer una copia completa de sí mismo a partir de las materias primas y energía dadas. Una arquitectura compleja, pero no imposible de alcanzar para la nanociencia desde una perspectiva teórica.

 

El Dr. Fiebag (1.956-1.999). Investigó el hallazgo con el apoyo de la A.A.S. (Ancient Astronaut Society), dando a conocer este insólito acontecimiento. Su desaparición significó un duro golpe para la paleoastronáutica. Descanse en paz.

 

¿Pero quién hace un mínimo de 20.000 años estaba en disposición de fabricar estos pequeños objetos?. ¿Qué explicación medianamente lógica se puede dar a estos hallazgos?. Posteriores estudios realizados en Helsinki, St. Petesburgo y Moscú no han podido dar ninguna respuesta a estas interrogantes. Lamentablemente el paso del tiempo ha hecho que estos objetos hayan quedado en el olvido en algún cajón de un instituto científico. También contribuyó la muerte en 1.999 del Dr. Jhannes Fiebag, que fue quien dio a conocer en Occidente el hallazgo de estos sorprendentes objetos.

 

 

 
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